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Primera mañana en Neuro

Pablita pudo ponerme un mensaje del teléfono silencioso que le dió su papá y que le dejamos a escondidas. Dijo que la cena estuvo deliciosa -tenía todo el día en ayuno- porque le dieron ¡al fin! una concha de chocolate, un bolillo, atún con papas y no sé cuánta cosa más, que engulló completamente.
No pasó frío porque más tarde le llevaron una cobija.
Muy temprano se presentó un medico con su palomilla de estudiantes y luego le preguntaron que si no iría su familiar para ayudarla a bañar. Yo furiosa porque no me dijeron eso ayer cuando la dejé, sólo que la visita era de 3 a 5.
El desayuno también fue rico pero las horas se le hacen bastante largas. El cuarto es pequeño con ventanas al fondo, está en el tercer piso. Tiene a una niña en la cama de al lado, con un cuadro bastante penoso no sabemos de qué, pero el aspecto de la chica es terrible, aparentemente la afecta algún tipo de parálisis que la tiene con una mueca permanente en el rostro, con la boca abierta.
Hoy debo llevarle pijamas y artículos de tocador. Me pidió un librito de sopa de letras para pasar las horas, y su libreta para escribir.
Cuando hablamos sentí su voz de niña acabada de despertar y sentí una inmensa alegría de no percibir rastros de sufrimiento.
Yo soy fuerte, soy madre, el Señor es conmigo y durante esos segundos fui feliz hasta las lágrimas.

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