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Palabra de mil picos

 Te busco a ti, palabra,  morada de mi corazón cristalizado. Espero por tu sol, tu viento dulce que derrite al hielo del dolor. Te busco a ti, palabra, laberinto que acoge con ternura, calor que me guarece del graznido  de esta noche sin alas. A ti te busco en el cajón  más negro de mis días, en el momento en que rota me deshojo; busco tu redondez de luna llena, tu voz enmielecida, tus rasgos de rapaz huidizo porque es muy densa la pena que me agobia y alcanza para que se oscurezca mi morada. Mi frente asoma por la reja para saber que estás, estrella,  palara de mil picos que se rompe sobre mi cabeza, confetti de luz que me pronuncia, palabra que redime y me consuela.
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Cerrando ciclos... atropelladamente

Hace seis años había terminado el propedéutico de introducción para ingresar a la UNAM y estaba en espera de recibir los resultados del examen de admisión. Llegó mi aceptación y para enero de 2015 ya estaba ingresando a la plataforma para conocer mis materias y todo eso. Vinieron muchísimos días y noches largos y dificultosos debido a mis limitaciones con los programas para hacer las diversas tareas y cumplir con los tiempos de entrega. Mi vida social se redujo considerablemente y debí conformarme con hacer solamente una que otra lectura de poesía, pocos talleres, mantuve mi sala de lectura los miércoles, mi taller de bordado los martes y el Festival Internacional de Poesía una vez al año. Todo con tal de seguir hasta terminar la carrera de Psicología. Y sí, sabía que me tardaría pero a pesar de las dificultades no se me ocurría claudicar... hasta que vino el COVID y dio al traste con cuantos planes hubiéramos hecho. Yo esperaba que la universidad se pusiera a nivel y nos dejara entreg

Cartas a los Reyes

Cuando niña nunca supe nada de Santa Claus, sólo conocía de los Santos Reyes. A nosotros no nos traían nada, la verdad es que no se nos decía por qué razón pero en todos lados escuchábamos que si no te portas bien no te traen nada. Así que como era lo que siempre nos machacaban nuestros padres, pues ya qué, quizá un poco resentidos nos conformábamos pensando que era nuestra culpa.(Pero no, ya lo sé, porque SIEMPRE intentamos ser buenos). Al menos a otros niños les traían juguetes que nos gustaba mirar y en algunos casos hasta nos invitaban a jugar con ellos, como el caso de Carmelita que vivía frente a la casa de mi abuelo y me invitó a a estrenar su juego de té. Era muy linda su casa, no había yo visto otra igual, con muebles bellos y finos, y su mamá hermosa y amable nos llevó galletitas para el té, fue inolvidable porque en aquel tiempo recién sacaron los juegos de té que parecían juegos de plata y bueno, nos creíamos las grandes personas tomando el té en aquella casa cálida, acoged

Pero café, siempre café... bordando

  Como buena veracruzana de Orizaba, y como todo ciudadano del mundo, el café es para mí una opción permanente: para el frío, para el calor, para la pena, para el dulce, para la amiga, para la familia, para el difunto, para todo pues. Tomar café bien merece, además de tu ritual de molido y preparado,  ser servido con gracia, en homenaje a lo que rinde. Además, las tardes bordando con las amigas, con la familia o en soledad proveen, junto con una taza de café, gratísimos momentos en los que la música o el silencio nos llevan a la evocación, a las memorias, al contacto interior. Por esas y tantas razones, aquí mi bordado en honor del café.

El año del Covid 19

A bote pronto, en una de esas noches donde la oscuridad es todo lo que se respira y salen borbotones de palabras mojadas, asustadas... Soy una lágrima en cada uno de mis dedos, En cada parte de mi cuerpo soy un llanto. Miro correr la vida hacia la muerte: como en la guerra, el parte va   indicando las ausencias, él, aquella… Inédito pensar en un futuro ciego la vida de los hijos vulnerable el llanto de los huérfanos aislados el silencio de todos los adioses que nunca se esperaron ni dijeron. La zozobra encapsula los latidos y el miedo hinca sus colmillos en el sueño. Imposibles cascadas y paisajes, rebaños, flores o parvadas: hay demasiadas cruces. En el silencio de las calles se adivina el rezo y se cuentan por miles los crespones. Las paredes ahora tienen ecos, de tan solas; el comedor se sobresalta cuando cae la cuchara, hablar es un esfuerzo para romper la inercia de la viudez de todos los sonidos que se han ido: no hay risas en la escuela, no hay música en el parque y hasta los pe

Nuestros fieles difuntos

 Ahora los recibo en Orizaba, tierra de varios de ellos: mis abuelos, mis tíos y tías, mi hermano Jared. Recién se unió a ellos mi querido amigo Pedro y así fue que al medio día toqué la campanita para llamar a cada uno, las velas estaban encendidas y el camino de pétalos dispuesto, al igual que la salvia quémandose. Y así más tarde me dispuse a comer un mole acompañado con mezcal, brindé con ellos y les agradecí estar presentes siempre, y dicen que a las siete comienzan a regresar asi que como al rato hay bordado de una vez nos vamos despidiento... hasta siempre, fieles difuntos, el próximo año si estamos por aquí volveremos a encontrarnos... y si estamos por allá también.

¡Sorpresa sorpresa!

Sí, ya sé que mañana me inscribo al último semestre de la carrera y que tengo que estructurar mi documento recepcional y todo eso... pero verlo ya tangible en una hoja de papel que me mandó mi directora, es otra cosa. Desde que abrí el documento se me aceleró el corazón y no me para, y ando con un nudo en la garganta. Cuando era niña y leía todo lo que encontraba que tuviera letras, me di cuenta de que ir a la Universidad era algo muy importante,  porque se aprendía no sólo la carrera que uno eligiera, sino muchas otras cosas que iban formando a las personas con una conciencia del mundo y de sus semejantes y así, según las conversaciones que leía. Además me daba cuenta de que los universitarios inspiraban mucho respeto, y eso era algo que definitivamente yo necesitaba. Sin embargo, apenas terminada la primaria mi padre me retiró de la escuela, lo que seguía sencillamente no era para mujeres y debería ocuparme de la casa y atender a mis hermanos. Claro que tuve que obedecer a regañadien