Datos personales

Mi foto

Escritora, poeta, pintora, tallerista, amiga confiable...

miércoles, 20 de junio de 2018

Colores y animales


A esa casa yo llegué por un motivo diferente pero como “a donde fueres, has lo que vieres” la situación cambió. Los niños de esa casa grande llena de cuartos y de objetos valiosos amontonados por todos lados querían ponerse a pintar y no sabían cómo empezar con tantos materiales que tenían: los lápices prismacolor estaban distribuidos o tirados por varias partes, y los cuadernos profesionales de papel para pintar estaban usados de la peor manera, con las hojas cortadas de cualquier forma y arrugadas. Yo sólo me quedé pensando en los niños de mis talleres, que tienen que usar crayolas partidas en tres para que nos alcancen… pero me puse a mostrarles cómo se separan las hojas cuidadosamente, con una navaja.El caso es que les dije que les enseñaría a mezclar siete colores para que hicieran todos los que quisieran con pintura, pero a la hora de escogerlos no pude recordar bien el orden en que van en la paleta y estuve batallando. De pronto entró una muchacha que me pareció conocida y me dijo que estaba interesada en comprar mi joya pero que se la dejara un tiempo más para poderse decidir. Algo tiene mi cabeza porque tampoco recuerdo de qué habla, cuál joya, yo ni tengo… ¿Me puedes recordar por favor cuál es la que te dejé? le dije aparentando naturalidad, y sacó de su bolso una cartera ¡de piel de cocodrilo!Me hice cruces: ¿yo de dónde la saqué? Debe haber sido un regalo de alguien que no me conoce y quise deshacerme de eso. Pero justo cuando trato de hacer memoria la chica escucha ruidos en la extraña ventana pequeña en forma de arco que está a poca altura del piso y la abre, dando paso una ave totémica parecida a un búo pero no es esponjosa sino lisa, no sé cómo cupo si está grande, y se queda parada sobre una jaula vacía. A regañadientes me acerco al pájaro porque la chica sabe que me gustan los animales y me pide que lo toque. Al extender mi mano el ave la toma abarcándola toda con sus patas negras de uñas filosas y me da miedo ver tan cerca de mí ese pico también negro como de águila. Quiero retirar mi mano pero el ave se resiste y aprieta… señal de que debo despertar.

domingo, 10 de junio de 2018

Y ahora qué hago con el ocio

¡Se terminó otro semestre! iniciaré el sexto en agosto y mientras tanto, qué raros se perciben los días sin sensación de que toooodas sus horas no alcanzan, la falta de adrenalina por las prisas para entregar trabajos, los ojos llorosos por estar horas en la pantalla buscando informaciones, preparando tareas, tablas, reportes...
¡Amanezco sin prisa! cuando ya hay mucha luz, cuando mi cuerpo pide salir de la cama y el café es mi primer pensamiento.
Ahora sí, al cine al café al parque o a donde se pueda. Y sobre todo ¡a los libros por placer! no hallo cómo elegir mi lectura de vacación con tantos títulos pendientes, estoy paladeando las horas metida de nuevo en esos mundos de los libros...
También es hora de bordar por más tiempo, de disfrutar de esa otra manera de pintar.
Gracias a Dios por ponerme todos estos caminos en donde siempre me voy encontrando joyas grandes o pequeñas para enriquecer...

domingo, 29 de abril de 2018

Abril para Dolores Castro

Dolores Castro Varela y Liz Durand Goytia
En su casa, en su mesa, con parte de su familia y con su mucha historia, Lolita nos dejó festejarla con el cariño que nos movió desde Cd. Juárez, Oaxaca, Chihuahua, San Luis Potosí, Cd. de México y Ensenada el mero día 12 en que cumplió 95 abriles llenos de poesía, sabiduría, amor a la vida y pródiga generosidad.
Gracias al universo por habernos dejado disfrutar tan grande fiesta de la que dejamos constancia en la antología de celebración que preparamos con el apoyo editorial de Chihuahua Arde Editoras en manos de María Merced Nájera Migoni.
La poesía es indispensabe para sanar al mundo.

domingo, 18 de marzo de 2018

Cuando no está la poesía

Pensaba en que hace mucho no intento escribir poesía. La vertiente está seca: ni la amargura del mundo y su violencia me provoca a verter mi decepción en un poema.
Yermo el espacio donde se fraguan pensamientos con palabras elegidas como flores, como piedras, como espinas o como brisa. No hay cadencia en el vacío,  no palpita el ansia por decir, por dejar ir los ríos que en su venida nos lavan sólo por atrevernos a decir nuestra palabra.
Pero no es que viva sin poesía: me la trae cada mañana el cenzontle que canta desde el árbol vecino, aún bajo la lluvia y con el frío.
Me la regala el tierno suspiro de mi perra mientras duerme o la pompa diamantina que sale de la nada cuando lavo trastes.

Llevo flechas en todas direcciones pero vienen desde el mismo sitio: el descontento y la amargura de ver lo mal que hicimos este mundo que los ancestros pusieron aún sano en nuestras manos.

Me falta entrar de nuevo en el santuario donde se gesta aún el más sencillo y pequeño poema, porque para acosar a la poesía se tiene que ir a las entrañas y revolver las tripas o exprimir el corazón de gozo y con ese material que nos acelera el puso, con esa ansiedad, intentar las palabras. Todas, las elocuentes y las simples, que silben o que sangren, que suban de color o queden negras. Al final sólo las elegidas se quedan. Las prístinas, humildes, pudorosas y brillantes, las que dicen de mí, de lo que soy.
Y ese lugar maravilloso, íntimo, está cerrado por ahora.

sábado, 24 de febrero de 2018

Por la prisa olvido el juego

La vida es una sucesión interminable de cosas, personas, imágenes, ruidos, tragedias, maravillas, hallazgos y así sin parar. Siempre lo ha sido, pero en la actualidad es la velocidad a la que ocurre todo lo que a veces me rebasa. La vorágine de actividades en las que una se pone a dar de vueltas es tan densa que apenas podemos alcanzar a darnos cuenta de que en algún momento podemos tomar la decisión de parar, pensar, reflexionar, descansar.
Apenas abro el ojo y me levanto para alcanzar mi computadora, textos y cuadernos para comenzar a estudiar. Si me decido, echo un ojo a las noticias, cosa de la que casi siempre me arrepiento porque son muestra precisamente de este caos en que vivimos, con una violencia que nunca antes había yo percibido en la vida. Me pregunto si será que ahí estaba pero no teníamos los medios para verla o simplemente somos más violentos, con una capacidad escalofriante para la crueldad.
Cuesta trabajo salir de es flujo, no es fácil nadar a contracorriente o permanecer al margen: todos queremos opinar, aconsejar, criticar.

Creo que a todos nos hace falta jugar, convivir con esas chispas de risa por las ocurrencias, caminar por los bosques o la arena o sencillamente por la calle para encontrar ese espacio donde estamos con nosotros. No sé de dónde salió la idea de que el juego se queda atrás, con la infancia. La risa y el juego nos son indispensables, la prueba es que cuando lo hacemos revivimos a esa criatura feliz que dejamos olvidada en nuestra infancia. Eso me hace recordar los días en los que mis tíos iban a visitarnos en vacaciones y todos jugábamos cada día distintas cosas. No teníamos radio ni TV y por tanto mi abuelo inventó un juego de mesa que llamó Trineo y con él pasábamos horas divertidas. También podíamos salir al patio, mis tías se ponían con  nosotros a usar las corcholatas que recogíamos de las tiendas para usarlas de molde y hacer gelatinas o dulces de lodo para poner nuestra tiendita, donde yo pesaba lo que vendía en una báscula que armaba con una caja de zapatos. Imaginábamos, corríamos, reíamos y todo el mundo era sólo eso, lo más cercano, seguro, cálido: la casa de mis abuelos.

Ahora, yo me refugio en los textos todo lo que puedo. Por ahora el tiempo no me da para leer lo que me antojo sino lo que debo estudiar pero lo disfruto y aprendo, y si el ánimo y la energía dan para algo más, leo un poema o al menos algún verso que me traslade a otro espacio. Pero sé que me falta eso, el juego, el espacio donde todos somos felices, aún los que pierden.