Ir al contenido principal

A veces la noche pesa

Una camina aligerando el equipaje, deshaciendo nudos, cuidando los pasos.
Busca su frazada favorita, su mejor perfume, su música preferida antes de dormir.
Y transita por los días -uno, dos o varios-, pensando que todo marcha bien,
que las punzaduras comienzan a sanar, desaparecen poco a poco.

Pero luego, cuando a la noche se le mete ser artera,
volteo a mirar por la ventana y me asesta su mordida venenosa:
cruzando la calle, una pareja abrazada y sonriente pasa por mi casa.
Ahí está el vuelco, nunca ha dejado de acechar.
Ahí está el hueco tibio, aún sin costra.

De un manotazo cierro la cortina, no quiero ver por esos ojos.
Me traslado a embotarme frente al televisor,
pero ya dije que a la noche se le ha metido ser artera:
justo cuando lo enciendo, un hombre emocionado parece declamar:
"Tras diecinueve años de casados, todavía haces latir mi corazón"
dice a una esposa temblorosa y moqueante que suspira.

¡Qué asco! -me digo- ¡cuánta infamia! esto debe de ser algún complot.
Verde, la envidia me sube a la cabeza
-nosotros sólo cumplimos diecisiete-
y la amargura me hace trizas la garganta.

Voy a seguir jugando solitarios cada noche.
Voy a seguir jugando.
Voy a seguir
solitaria
cada noche.

Comentarios

Patricia ha dicho que…
Ayyy Liz querida, que excelente reflexiòn, me gusta verte escribir asì. El dolor lo ignoro porque pasarà, no tienes idea como el sol volverà a brillar nuevamente en tu cabeza, sòlo debes dejar el equipaje que obstaculiza tu camino.
Un abrazo y te leo.
Patricia

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía