Ir al contenido principal

Al padre

Acaso fuiste tú quien por la noche inquietó el sueño tranquilo de mi madre.
Acaso fuiste tú quien irradiaba ese calor a mis espaldas mientras escribía
en medio de la noche helada y sola. No podemos saberlo.
Pero sí en cambio, que eras tú el que padeció sin queja
hasta la última gota de tu cáliz.
Dice tu hija pequeña que al final viste la luz,
que tu memoria le aportó a tu corazón lo que antes no veía.
Y que te encomendaste a Dios pidiendo los perdones:
de tus hijos, de tu esposa, de tus padres.

No sé cuánto se sufra cuando a uno lo atraviesa un infarto en el miocardio
pero entiendo que no sufriste mucho.
Le agradezco a la vida que pudieras marchar por fin en paz
que tu último viaje ya no llevara cargas indeseadas,
que tu estancia en donde estés permita las visitas
y acudas a nosotros para darnos lo que antes nos negaste.

Comentarios

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía