
A lo mejor eso es todo: un camión cargado de muebles traqueteados, familiares, queridos. A lo mejor somos eso por dentro: patas desvencijadas, maderas gastadas, aromas rancios. O quizá podríamos ser, a veces, un gran cuarto vacío en donde el eco nos gasta su pesada broma.
El frío adentro y afuera, marcas de polvo alrededor de cuadros que no están, fotografías que son cuchillitos de palo, llaves que sirven sólo para cerrar...
Calendarios que no tienen más hojas, lámparas fundidas, anillos que se dejan de usar.
A lo mejor también podríamos ser un cuarto más pequeño que no aprisione al eco, un mueble renovado con aceite, con olor a hogar tibio y querido. Podríamos ser rayo de sol en la maána, pintura en la pared, llave que abra, reloj acompasado.
Día uno y no sé qué voy a ser, no sé con cuál de los pasos iniciar, mis pies caminan torpes, avanzan simultáneos el que quiere pisar plano y fuerte y el que se queda atrás. En el centro, la mordida que recuerda que tengo corazón, uno pequeño y lastimado que palpita y busca el ritmo, la tibieza, quizá alguna certeza. En la cabeza confusión, vidrios mojados, algunas flores secas.
(Esto no es permanente, lo sé. Pero he de apurar hasta la última gota para dejar atrás un vino que puede hacerme mal. No es malo llorar, no te inquietes. No lloro porque sea tu culpa, es solamente que la vida a veces nos encaja una espina que saldrá más tarde y olvidaremos esa picadura. Pero ahora, para mí, es tiempo de aguacero, es temporal que como todos, pasa. Habrás de tener paciencia para verme atravesar las densas aguas, o te harás del olvido que permita que no veas cuánto moja el agua.)
Comentarios
Un fuerte, pero fuerte abrazo para ti.
P.
Pero saber que aquí y allá tengo manos y hombros en qué apoyarme, es tremenda ayuda.
Gracias por tu cariñito.
Liz