Ir al contenido principal

Una vajilla al fin

Debo haber tenido veintipocos años cuando por primera vez me enamoré de esas imágenes contenidas en las vajillas que pintan a mano nuestros artesanos... Pero entonces, y por mucho tiempo, no podía hacerme de una porque había que tener dinero para colegiaturas, pediatra, transportes, comida, renta y todo lo que implica crecer a una familia.
El caso es que el año pasado tomé la decisión de encargarla, y con la infinita paciencia de una vendedora en línea estuve intentando armar algo que pudiera yo pagar: ¿y si cambio la taza? ¿Y si mejor sin plato? ¿Y si menos piezas?... En fin, luego de armar y desarmar para ajustarme a un presupuesto, que aunque no sea extraorbitante siempre depende del bolsillo de donde salga, la encargué y me pusieron en la lista de espera donde me correspondía, pues muchos extranjeros piden estas vajillas.
Luego de unos meses, me informaron que ya podía recogerla... en el DF. Mi hijo pasó por ella y la tuvo hasta hace una semana, que al fin la envió por Estrella Blanca. Todo el sábado esperando que me llegara como habían ofrecido, y no arribó.
¡Hoy  es el día! A pesar de la lluvia y el transporte descompuesto, el encargado de la paquetería me trajo la caja que apenas entró a la casa, ya estaba yo abriendo armada de tijeras y con una expectación y alegría que me sorprendieron.

Tarááááá!! Al fin tengo en mi cocina esta vajilla que perseguí por tanto tiempo. Estoy feliz, quizá parezca tonto. Pero me alegro de haber podido darme esta alegría que me sirve para compartir...

Comentarios

Alex Escalante ha dicho que…
Qué bueno que ya tienes tu vajilla! Está bien padre!

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía