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Aquí comienza la lluvia

Tímidamente, diría yo, pero constante. No tiene la gran voz de los aguaceros de mi tierra, el ímpetu rugiendo por las calles o veredas en los bosques. Pero en cambio su murmullo arrulla, nutre, consuela de la sed a esta tierra reseca y poco verde...
También provoca a buscar el calorcito, meter la cara en el vaho del café, encender velas, comer con los amigos alrededor de la mesa.
¡Ah, la lluvia!, siempre vida, siempre en mi vida.

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