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Apuntes en un cuaderno viejo

Sábado 9 de julio de 2004
Lecture Department. Collage. Liz Durand
Así comienza un día: con el sonido sordo del ventilador y la ventana encandilada. Afuera bufa el camión de la basura. En su caja duerme la gatita, esa pelusa huérfana que recogimos y no quiso morir al pie de un árbol, que llora con modestia porque ya está enterada de mucho a lo que no tiene derecho...
Afuera de las sábanas mi cuerpo para empezar el día, como si no hubiera cambios ni estuvieran a novecientos kilómetros mis cosas y mis libros, mis amigas, un hijo y una historia.
Comienza con el antojo de un café, los gorjeos del verano, voceros de la próxima canícula -Dios nos agarre confesados- y la presencia contundente del sol en este nuevo lugar.
Una ciudad es todas las ciudades y aquí también hay tulipanes frente a mi ventana. Sé que faltan las piedras, los faroles, que las iglesias son distintas. Pero al final, después de tanta maleta y despedidas, pongo los mismos discos, escribo en mi libreta y me procuro un café.
Como en cualquier otra parte, así comienza un día.

Comentarios

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Sí, un domingo más

Desde antier por la noche Mauricio y yo andamos un poco desconchinflados: a él le vinieron escalofríos y dolor de estómago junto con el de los músculos de los hombros. Le dí te y masage y pareció sentirse mejor.
Pero ayer amaneció igual, con náusea e incipiente dolor de cabeza. A mí me comenzó un dolor igual en cuanto terminamos de comer en casa de Coquito, con Alfonso que ya había llegado. Antes de salir hacia el hospital me tomé una pastilla que no funcionó y cuando llegamos tomé otra que tampoco hizo efecto. Cuando bajé del piso para que Mauricio pudiera subir, una señora me regaló otra pastilla porque me vio agarrándome la cabeza con las manos...pero tampoco sirvió.
Pablita estuvo contenta con la visita de Alfonso, ya se sabe que él es siempre tan ocurrente que resulta cómico y se pasan ratos muy gratos en su compañía.
De regreso en el metrobús nos dirigimos a una farmacia para comprarme una inyección porque ya era migraña mi dolencia.
La caminadera por el cierre de estación fue más a…

Poema para los niños migrantes

Para los niños migrantes


Temprano te salieron alas y esparces la ceniza de un vuelo inesperado. Vuelas hacia una tierra prometida que no existe , donde leche ni miel encontrarás.
Encerrarán tu vuelo en jaulas y el miedo que aprendiste a dejar lejos regresará a morderte por las noches. Ningún río te besará con agua fresca, ninguna señal de la cruz sobre tu frente te va a guardar de la amargura.
Somos testigos de la decapitación de tu infancia, de tu niñez hoy preñada de dolor, de pies cansados y ojos secos.
Que la vergüenza nos cubra cada que te preguntes o que pidas, que el corazón nos duela hasta que tengas alas con vuelo renacido.

Sobre "El viejo y el mar", de Hemingway

Sabía de lo que trataba pero no había leído el libro. A pesar de su brevedad, me parece todo un compendio de lo que es vivir la vida.
El drama de la superviviencia cuando depende de la vida de otros, que aunque no sean semejantes son igualmente respetados como seres vivos, aunque no pensantes. El viejo se mide ante el pez colosal que no hace mucho por su vida -porque no piensa, porque para eso está, porque es su destino y su fin- y termina por atraparlo con grandes esfuerzos, coraje, experiencia y valentía. Al conocer el tamaño de su presa el viejo reitera su respeto al animal, a su belleza y su fuerza y reconoce con humildad que le ganó porque él sí piensa. No se vanagloria ni hace de su victoria una mueca de triunfo, sino que acepta que la vida se lo concedió por ser hombre experimentado.
El autor nos pone enfrente a la soledad de los hombres que se adentran en la mar, igual a la soledad de cada humano que atraviesa por la vida llevando lo que siente, teme o desea en el fondo de sí mi…