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Tropiezo

Oh, ¿Recuerdan a mi amiga Julia, poeta de la cámara y de la vida? Ella tuvo intención de venir a darnos apoyo en los talleres de Huajuapan, con su trabajo fotográfico.
Desafortunadamente, con el estira y encoge que siempre nos toca padecer en los meses previos debido a las condiciones de las escuelas, a la buena o mala o regular disposición de los maestros, del tiempo que decidan darnos para los talleres, del espacio del que se disponga, de la facilidad para conseguir los materiales, del aporte voluntario de donantes para mi pasaje, de los difíciles caminos que se recorren para pedir apoyos institucionales que terminan siendo ridículos, del esfuerzo y el desgaste que nos impone todo eso porque no podemos diseñar fechas, lugares ni materiales y a pesar de todo siempre prometemos a los niños que sí, que habrá talleres, que tendrán su exposición en el Museo -con todo y que nos toman por locas y cuando nos dan el espacio para colgar tenemos que llevar hasta la escalera que usemos-, en fin, les digo, después de interminables conversaciones telefónicas entre la coordinadora de Huajuapan, la incansable Alicia y yo, con los costes de larga distancia para ella o para mí, o para ambas, ahora tenemos la tristeza de no ver llegar a Julia para hacer un documento gráfico de los trabajos.
Es natural que con tantos desaciertos entre fechas y lugares, sus tiempos no pudieran coincidir finalmente con los nuestros, siempre cambiantes, siempre modificados a última hora, y que aún su mucha voluntad no haya podido conciliarse con las fechas.
Creo que por eso es que Alicia y yo siempre hacemos esto prácticamente solas. Locas únicas que ven cómo hacer para que de todos modos, contra viento y marea, contra la falta de apoyo o materiales, contra corriente, llevemos a los niños los talleres.
Cada año decimos que es la última vez, que eso no es vida, que nadie lo valora, que quedamos completamente desgastadas sin saber siquiera si lo que hacemos sirve de algo.
Pero están esos cientos y cientos de caritas que al final de la semana de trabajos se ven como autores, como artistas, con sus trabajos colgados en el Mureh, su museo regional.
Y los cuentones del teléfono, y los pasajes y los tragos amargos y las apuraciones de última hora para conseguir dar a los niños un bocadillo en su exposición recurriendo a los amigos, a los conocidos y a los desconocidos, quedan atrás. Regreso a mi casa jurando que no, que nunca más tanto desgaste para nada, porque finalmente las cosas no son como quisiéramos, adaptamos siempre todo.
Pero Alicia es una torre, jamás ha desistido y yo soy su instrumento, de manera que no hay modo de hacerme para atrás.
Julia llegará en otra ocasión, o quizá hasta que, ya con recursos y más reconocimiento de nuestro trabajo que nos permita programar como queremos, podamos ofrecerle fechar en calendario, sin tropiezos, nuestras fechas.

Comentarios

Idan Sáenz ha dicho que…
Mirar las caritas de orgullo de los pequeños cuando culminan sus pequeñas obras es un pago inmenso a todas las vicisitudes. Es verdad, se pasan momentos bien difíciles, tragos amargos, muchos enojos y discusiones con 'gente' que no comprende la necesidad de inculcar amor al arte a los chiquillos... pero al final queda una deliciosa emoción y gran satisfacción por haber sembrado una minúscula semillita en la mente de un niño que, con suerte, germinará y formará parte de un ser que de ahora en adelante sabrá amar y comprender el arte.

Te reitero toda mi admiración y agradecimiento por la gran labor que haces (all time) para promover la cultura.

Yo cada día tengo menos tiempo y más obstáculos para la promoción del arte, pero no cejaré en i empeño porque lo considero muy pero muy importante... ya te platicaré sobre el pequeño proyecto que traigo en mente... espero tener la fuerza para llevarlo a cabo.

Un beso enorme.

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