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Las tormentas


No me había resuelto a salir a la calle con las lluvias, además de que no me va bien la postura en el auto para lo de mi columna. Pero Paola me invitó a comer y pasó por mi. En toda la ciudad encontramos baches como albercas, piedras que arrastraron de los cerros las aguas, melenas de palmeras, y uno que otro auto ahogado, como el que vemos en la foto.
Claro que se fue la luz intermitentemente en algunos lugares, y permanentemente en otros. En la carretera de San Antonio de las Minas se tuvo que cerrar el camino, y aquí en la ciudad hay varias calles cerradas al tránsito. También los teléfonos anduvieron erráticos y fueron suspendidas las clases hasta el lunes. Varios negocios del centro se mantuvieron cerrados.
Este sábado hemos tenido una tregua, pero escuché que de nuevo lloverá el martes. Curiosamente, en mi casa que es de todos ustedes, no ha habido agua corriente por varios días, sin que tenga yo conocimiento o explicación al respecto.
Sin embargo no parece haber muchos daños irreparables en cuanto a vidas humanas, o al menos no me he enterado. La temperatura, ahora que no llueve, ha bajado considerablemente y ahora mismo estamos a diez grados afuera y a ocho adentro de mi casa, inexplicablemente. Tengo los dedos helados y me duele teclear, así que me despido.

Comentarios

Idan Sáenz ha dicho que…
Que maravillosas estas últimas entradas sobre las lluvias... especialmente la del martes pasado "la lluvia" me parece llena de nostalgia, bellos recuerdos (quizá dolorosos por momentos, pero bellos al fin), tus letras están plagadas de una emotividad que se agradece.

Te mando un beso enorme hasta Ensenada y sigo en espera de tus letras.
Liz Durand Goytia ha dicho que…
Gustavo, yo creo que difícilmente alguien se evade del encanto de la lluvia, quizá es verdad que en el principio fuimos seres de agua.
Tu sensibilidad se refleja en mi texto, eso es todo.
Gracias por tus comentarios, te mando un beso.
Idan Sáenz ha dicho que…
Es verdad... no podemos evadirnos con facilidad; a mí, en lo particular, es el clima que mejor me acomoda emocionalmente.

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