Ir al contenido principal

Columna de espinas




Parece que quiso que iniciara el año creyendo que va a ser difícil, pero no se lo voy a creer.
Mi columna tiene semanas doliendo y en esta última ha sido extremadamente difícil no perder la calma a causa del dolor. He detenido las lágrimas para no dejarme ir. Las noches son lo más difícil, no puedo sostener una postura por un minuto completo. Duermo por cansancio más o menos durante una hora, despierto, me muevo muchísimo intentando acomodarme, me vuelve a vencer el sueño, a la hora despierto y así por una semana, con todo y pastillas para dormir.
Esta noche ha sido particularmente difícil y casi no dormí, además que desperté a las cuatro de la mañana.
Lo triste es no tener la perspectiva de poder consultar con un buen médico para que me recete algo para el dolor, pues ya se sabe que mi columna no tiene remedio. Estamos sometidos en esta ciudad a un grupo de médicos no actualizados que se sienten cocacolas en el desierto, cobran tarifas carísimas y es raro que su diagnóstico sea atinado, sin contar con lo carísimo de los medicamentos.
Hace dos años conocí a un maestro naturista chino a quien fui a consultar y con masajes me alivió por mucho tiempo, pero enfermó seriamente y no puede seguir ejerciendo, además de que ya no vive aquí.
Me quedan la paciencia y la inmovilidad, cosas que no se me dan demasiado. Bueno, la paciencia sí pero la inmovilidad me resulta harto difícil. Ayer ayudé a Yadira a pintar una habitación de su casa y éste es mi resultado. Lo hice porque me sentía mejor debido a unas pastillas, pero ahora me doy de topes por necia.
Este día me prometo solemnemente no volver a caer en tentación y mantenerme quieta. No, no lo más quieta posible como estuve a punto de escribir, sino realmente quieta...
Más vale que me sirva de algo.

Comentarios

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía