

Ese día fue domingo y había un clima muy agradable, por lo que decidimos llevar a los niños a caminar por la playa. Aunque era el medio día el sol no estba insoportable y decidimos ejercitarnos un poco en la caminata.
Había gente con más perros, cosa que siempre me llena de aprensión porque Estuardo ha sido ya atacado, pero por dicha sólo hubo juegos. Caminamos y caminamos disfrutando de la brisa pero comencé a sentir muy pesadas las piernas, y luego de otro rato de caminadera ya sentí claramente la dolencia en la rabadilla, la necesidad imperiosa de descansar, de sentarme.
Así que con la pena, nos dirigimos hacia la casa, aunque estoy segura de que los niños disfrutaron mucho. Yo me inyecté por la noche para el dolor pero al siguiente día, mero cuando andaba lavando la ropa, fue que me quedé sin mover...
Ahora puedo caminar despacio pero todo el tiempo me siento cansada y cualquier movimiento como inclinarme o peor, agacharme, provoca más dolor, de manera que ando con pies de plomo al menos en tanto nos den los resultados de la tomografía para llevarla mañana con el médico para que al fin se decida mi suerte...
Yo de todos modos quiero mi autobús amarillo.
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