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Marcha contra la violencia hacia las mujeres

Peggy me informó del aviso. La marcha era el domingo por la mañana y avisé a todos cuantos pude pero al final sólo me acompañaron mi marido y mi cuñado. Al parecer a todo el mundo le sucedio algo porque yo creo que no éramos ni treinta gentes. Es penosísimo que tanta gente piense que la violencia hacia las mujeres o simplemente la violencia, no es su asunto porque o no la tiene en casa o no quiere verla por ningún lado, encerrándose en una cápsula donde todo es tranquilo y muy bonito. Conozco gente así, me dan pena y me irritan porque aunque se aíslen viven en este mundo, insertos en una sociedad a la que aunque no queramos, pertenecemos.
Me cansa ese egoísmo, esa idea de que todo está bien mientras no me pase nada. No ser solidarios más que de dientes para afuera porque a la mera hora no se puede asistir ni a una marcha. Aquí, según me dicen, así funciona, así son las marchas, con uno que otro piojito que se atreve a salir a la calle enarbolando o defendiendo sus ideas sólo para ser criticado y señalado.
Pero en fin, siempre he de creer que mientras uno pongo su granito de arena aunque sea en el desierto, donde hay tanta, estará uno cumpliendo su más elemental función de ser humano...

(Yo por eso quiero mi autobús amarillo, no se me ha olvidado)

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