Ir al contenido principal

Cálida despedida


Estuvimos tomados de su mano, rodeando su partida y deseándole paz. Escuchó, cuando puse mi mano en su pecho, que le pedí que descansara. Todos estuvimos sobriamente tristes, despidiéndonos por sólo un tiempo y sólo de su cuerpo. El médico estuvo desconectando cada vez más cosas, pendiente de los datos de los aparatos. Hasta que dijo que hacía no sé cuántos minutos que ya no respiraba, y que su corazón, tan grande, se movía por reflejo.
Después, en la funeraria, también estuvimos con él como cuando en su casa: música, amigos, y la cada vez más cierta sensación de que no se había ido. Los rezos fueron un consuelo, los de las dos iglesias. Toda la noche estuvimos ahí, leyendo las cartas que le llevaron, tomando café, conversando.
Al medio día vino la misa de cuerpo presente, sobria. Nuevamente nos despedimos, a petición del sacerdote, rociándolo con agua bendita. Su hijo leyó un hermoso poema dedicado a su padre, y sorprendentemente, nunca le tembló ni se quebró su voz. Porque estábamos contentos de que hubiera dejado de sufrir, porque pudimos despedirnos, porque estuvo la familia.
Coronó la tarde el viaje al crematorio y casi noche, la urna con sus cenizas llegó a su casa, para seguir siendo anfitrión de su familia.
Esta mañana se rompió el encanto: mis hermanos venidos del DF regresaron, mi madre volvió a su casa y yo ya estoy en Enenada. No siento su ausencia, no siento que lo extraño. Tengo la sensación de que en cualquier momento tomaré el teléfono, marcaré su número y seguiremos conversando como siempre.
Sí, Descansa en paz, manito. Nosotros intentaremos lo mismo.

En la foto, mis demás hermanos y su hijo montando una guardia.

Comentarios

Lo que más te gustó

Poema para los niños migrantes

Para los niños migrantes Temprano te salieron alas y esparces la ceniza de un vuelo inesperado. Vuelas hacia una tierra prometida que no existe , donde leche ni miel encontrarás. Encerrarán tu vuelo en jaulas y el miedo que aprendiste a dejar lejos regresará a morderte por las noches. Ningún río te besará con agua fresca, ninguna señal de la cruz sobre tu frente te va a guardar de la amargura. Somos testigos de la decapitación de tu infancia, de tu niñez hoy preñada de dolor, de pies cansados y ojos secos. Que la vergüenza nos cubra cada que te preguntes o que pidas, que el corazón nos duela hasta que tengas alas con vuelo renacido.

Esta mañana Dr. Chipocles

Desde la cama me puse a ver noticias. Sé que no es -ni con mucho- la mejor manera para levantarse, pero lo hice sin pensar. Encontré que estaban dando un reportaje acerca de un médico en el Hospital de Pediatría de la ciudad de México, en donde todavía ando por suerte. El doctor especializado en oncología ha sido bautizado por sus pequeños pacientes como "Dr. Chipocles", que es la manera que tenemos los mexicanos para denominar a alguien que es muy bueno en lo que hace, y lo que no sé es por qué se eligió el nombre de un chile -chipocle, chipotle- para eso. El caso es que este médico inusitado es tan sensible que no solamente se disfraza de distintas cosas para ir a trabajar como el famoso Dr. Patch Adams, sino además, al ser entrevistado sobre su trabajo, termina diciendo, con la garganta cerrada y lágrimas en los ojos, que se considera un ser especial por poder hacer el trabajo que hace. Y lloró cuando mencionó a sus niños enfermos que ya no están con nosotros. Tengo que ad

Recordando la vieja máquina de escribir...

Estoy fascinada porque un amigo me puso un programita en mi compu que hace que cuando escribo mis importantísimos asuntos, mi teclado suene como máquina de escribir... Es que recuerdo aquellos tiempos en los que las colegiaturas de mis hijos y nuestra manutención dependían de la velocidad y ritmo de ese mágico sonido... En esta foto, la imagen de la primera máquina eléctrica que me tocó usar, cuando llegué a la ciudad de México a trabajar en el Instituto de Ingeniería de la UNAM. Un tiempo después ésta fue mi favorita, la máquina de esfera, porque le podía cambiar los tipos de letra y hasta el color de la tinta porque había cintas de color sepia. Se me descomponía con frecuencia hasta que el técnico descubrió que yo era demasiado rápida al escribir y se trababa la esfera, já já. Además de trabajar en una institución, ponía anuncios en el periódico para mecanografiar trabajos. Desde luego lo más socorrido eran las tesis, hice muchas pero además me tocó hacer el directorio