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Y ahora las consecuencias...

Bueno, viajar siempre tiene sus detalles más allá de los encuentros de toda clase, y en esta ocasión me refiero a los culinarios. Por andar probando de todo en todos lados, vine a dar de regreso con ciertas molestias que iniciaron en el DF pero continuaron -y empeoraron- por acá.
Los buenos oficios de un ángel que me pareció un superhéroe me remitieron a unos laboratorios para hacerme análisis, con lo que en algunas horas se pudo ver que, en efecto, la venganza de Moctezuma me había alcanzado en forma de salmonelosis...
Ahora mi comida tiene un poco menos de color, si tomamos en cuenta, además del medicamento, las instrucciones al calce de la receta: "lácteos no- grasas no- harinas no- mariscos no- carnes rojas no..."
¡Zaz! cara factura por haber disfrutado las delicias de la capital del país, pero se paga con gusto.
Mi amiga Iris, siempre cayendo del cielo, me preparó una exquisita sopa de verduras con pollo, que podría comer el resto de la semana sin problemas, por dicha.
Así que, en ocho días, ¡lista para otra!

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