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Viaje ¿caótico?

Uff! encuentro con las hermanas, sesión de comida y fotos con los sobrinos, encuentro con la amiga... dificultades para abrir la llave del gas en mi departamento, ausencia de hombres que ayuden pero al fin las mujeres bastaron, hambre de los mil diablos, bisteces rancheros, juegos de mesa, mucho calor ¡en sólo un día!
Y luego el encuentro de sorpresa, desvelar misterios, conocer más profundo, apreciar mejor las cosas que la vida pone enfrente como frutos...
Y todavía luego otro viaje hacia la tierra caliente donde las poetas, donde la amiga, las amigas, la casa con olor a frutas, con resonancias de poesía, llena de corazones que han sido abrigados entre sus paredes, y el paseo al pasado, a las raíces: Xochicalco por fin arribando en mi vida y luego risas y comidas y poemas y más juegos, y sobre todo la sensación de pertenencia hacia todo eso que me rodeaba con tanta belleza y quietud, la amistad abrigadora de mis afitrionas Carmen y Malena, el mercadito del pueblo, el incremente sol con su calor...
Y más después otro encuentro, por si fueran pocos, ahora con Alicia, ese ángel de Huajuapan que me recibe con su modestísima sonrisa, me lleva para su casa y me agasaja con tlayudas traídas de su tierra, y como cual si fuera la última vez en su cocina, con su familia, en ese espacio que es un centro de conocimiento, de vida con sentido común y de conciencia... para salir a caminar la glotonería al Parque de los Venados, todo nieves y niños y carritos y ardillas y paseos.
Al final la esporacasa, el espacio que me abriga como si fuera mi hogar, y qué más tendría el cinismo de pedirle a la vida, cuando tengo todo porque lo que no está aquí lo llevo en el corazón...

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