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Casi de regreso





Aunque me parece increíble, he pasado aquí prácticamente las tres semanas programadas. Tengo solicitudes insistentes para permanecer más tiempo pero no depende de mí resolverlo, aunque como imaginarán, no me faltan ganas.
La semana pasada fuimos a Pocosol, a una estación biológica de la Asociación Conservacionista de Monteverde. Tienen cabinas para hospedaje verdaderamente cómodas y la zona del comedor es bellísima, Julia se hizo cargo de la reconstrucción y decoración con un éxito que le valió el reconocimiento especial de sus compañeros. Las mesas y sillas están hechas con bambú y madera con un gusto exquisito.Es un bosque lluvioso gigantesco cuya hermosura ni siquiera intento describir. Cuenta más de 300 especies de aves, y son incontables las de insectos y la fauna. Tuvimos un paseo nocturno con dos guías extraordinarios que así, de caminar en la densa noche, encontraban ranitas diminutas en la punta de una hoja, o una víbora zopilota al pie de alguna planta. Arañas, ranas, e incluso pudimos presenciar el momento en que un insecto que yo jamás había visto, dejaba su "cáscara" para salir de ella renovado, poco a poco, luciendo colores brillantísimos. Hermoso.
Después nos fuimos a la Finca, y al día siguiente a Naranjos, una ciudad pequeñita y encantadora en donde hay beneficios de café y comimos con la familia de Juanjo hasta el hartazgo, pero no pude decir que no a un café de cata extraordinario que nos convidaron.
Regresamos a Ciudad Quesada. Los días han estado lluviosos y la humedad es impresionante, las paredes prácticamente escurren agua. Hicimos algunos ejercicios de esgrafiado por la tarde, y en la noche teníamos invitación de Carlos Aburto y su esposa a una reunión para leer mis poemas. Javierluz llegó de donde andaba para poder asistir, y vino también un productor de cine tico que vive en Turín, lo mismo que otro amigo agrónomo. La casa de los Aburto es muy linda, y ella preparó entraditas deliciosas para picar, y luego nos sirvió un chifrijo delicioso.
La lectura estuvo acompañadísima con la sampoña de Javier, la guitarra de Juan Carlos y las percusiones del improvisado percusionista-médico Carlos.
La noche se nos gastó en un santiamén y como andaba coo nosotros el pobre de Daniel, todo desvelado y cansado, tuvimos que salir corriendo de lo más alegres.
Este día debo dedicarlo a ordenar mis maletas, pues no he tenido paz desde que llegué y está desordenada. Espero de verdad tener tiempo siquiera para poder llevar un poco de café...
Ah, cómo será difícil el choque del regreso, con tanto verdor aquí, con árboles frutales creciendo los jardines sólo porque alguien tiró un pedazo de fruta, con colibríes comiendo de los plátanos, oropéndolas en árboles a los lados de las carreteras, llores hermosísimas y la voz, esa hermosa voz que tiene siempre la lluvia...

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