Ir al contenido principal

Onda de calor y cosecha


Estos días me han recordado a Monterrey por calurosos. El sopor después de las cuatro de la tarde es pesadísimo y peor si tiene uno que trabajar. Justo cuando iniciaba mi clase tuve que tomarme un mate para evitar quedarme dormida.
Es rico el calor, sentir el sol y el aire, pero cuando sube demasiado la temperatura comienzan los problemas en mi piel, que por alergia se llena de sarpullido y sudo como si estuviera en el sauna. Eso me provoca ampollas en los pies. Pero cuando baja el sol las tardes son muy agradables al aire libre, en el jardín o por la ciudad, en la cafetería degustando el novedoso ice latte del Tomas de la Diez, donde se encuentra uno con los amigos.
A diferencia de Monterrey, donde el calor zumba como chicharra y no hay ni un soplo de aire, aquí en Ensenada siempre corre la brisa fresca y es menos difícil andar en la calle con el calor.
Por otro lado, nuestra planta de chile habanero, que solamente había dado un fruto, ahora está cargadito y como es bien sabido que no hay chile más picoso, ahora no sabemos cómo acabar con ellos para que no se desperdicien. He resuelto por lo pronto intentar conservarlos asados, molidos y mezclados con aceite y oliva y vinagre a ver qué pasa. Ayer cenamos molletes y en lugar de pico de gallo les pusimos una salsa de jitomate con chile comapeño que como no picó, lo aderezamos con un chile habanero picadito, con lo que quedó mucho mejor.
Sé que fuera del país mucha gente no acostumbra comer chile y si llega a probarlo en México le parece un suplicio. Es cuestión de costumbre: aquí los dulces tienen chile así que aprendemos a comerlo desde niños. Actualmente he conocido cada vez a más personas que no lo comen o muy poco aunque sean mexicanos. Quizá se deba a la diversificación en la comida, que ha dejado de ser estrictamente mexicana y tenemos platillos de las cocinas del mundo integradas en nuestro diario acontecer.
De niña recuerdo que era una muestra de "hombría" -¿machismo?- que los hombres comieran chiles: entre más picosos y más cantidad, ¡más hombres eran! Vaya, ojalá fuera tan simple...
Les dejo la foto de nuestra primera coseche de chiles para que vean que son también hermosos.

Comentarios

Ophir Alviárez ha dicho que…
Querida Liz, deberías estar en Monterrey, así podría ir a refugiarme entre tus chiles y confundirme con ellos para escapar un rato...

Ojalá!

Besos,

OA

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía