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Viaje

Tengo muchas razones para venir a la capital del país: familia, amigas, compromisos. Pero también tengo una cita eterna con esta ciudad enorme, ruidosa, rica, antigua y moderna, cautivadora, enajenante y todas las cosas que es esta ciudad de la que renegué por mucho tiempo, cuando también la habitaba. Cuando lo único que quería era huir, salir de este marco de hormigón y cristal sin pensar en los palacios.
Ahora que tengo algunos años lejos, me he reconciliado con ésta que por tantos años también fue mi ciudad. Vengo a disfrutarla, a poseerla un poco, a sufrirla también.
Por la mañana caminé y vi a la vida caminando en medio de todos, de las personas diligentes que salen de mañana a buscarla con esperanza y alegría a pesar de tanto y tanto esfuerzo, de tan poco aliento, de esperanza a cuentagotas. Y me quiero contagiar de esa fuerza poderosa que veo fluir junto a la vida enmedio de todas estas plazas y mercados, sobre aceras y edificios, entre las grises ramas de los árboles. Me quiero poner a tono con la vibración de esta ciudad única que da tanto y que quita tanto...y para comenzar me reuniré esta tarde con mi querida Marielena Cerecero, cafre y heroína primordial en las andanzas por esta nuestra ciudad.

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