Ir al contenido principal

De paseo con la Chamana

 Mi amiga Graciela vino por mí para salir de paseo. Trepamos a su pickup azul y nos lanzamos por un camino pedregoso que se fue haciendo cada vez más difícil de transitar, hasta que ya no pudimos seguir. Era pasado el medio día y hacía calor, cosa que a ambas nos incomodaba. Le dije a la Chamana que yo conozco un parque donde hay mucha sombra, pero por lo mismo seguro habría mucha gente. No quiso ir y como ya hacía hambre, regresamos a mi casa. Bueno, a ese lugar en donde vivo: parece más una bodega, con pilas de ropa sucia amontonadas en el piso por todo lado y unos cuantos muebles, entre ellos un refri desvencijado pero funcional.

El día anterior había salido a comprar comida y no había probado una sopa que me dieron de cortesía por introducción en el restaurante, así que fue lo que ofrecí a la Chamana, a quien por cierto creo que no le gusta la sopa. Mientras se calienta y viendo que Bambi no puede echarse en ninguna parte, busco algo que le sirva de tapete pero todo lo que hay de ropa está sucio o húmedo así que termino poniéndole un plástico y como sigue haciendo calor, le coloco encima un trapo sucio para que pueda echarse.

El cuarto tiene las focos encendidos porque no hay ventanas. En la pared en donde está el apagador hay una tabla recargada por encima de una repisa. Precisamente de ahí veo que sale algo parecido a un bicho del tamaño de una mano, todo negro y cubierto no sé bien si de pelos o de plumas delgaditas. Atónitas lo miramos, y ya que tengo en la mano un frasco de desinfectante, le lanzo una rociada. Al instante me arrepiento: al escurrirse esos filamentos debido a la humdad, descubro que es una persona: un indio fornido, muy moreno con tono cenizo que viste una especie de traje ceremonial cuyo penacho lo había cubierto parcialmente y por eso lo confundí con un animal. El pobre puso  una cara de suma contrariedad, se dio la vuelva y regresó lentamente por donde venía mientras yo con la cabeza baja le decía "perdón, señor, perdón" y mi amiga estallaba en carcajadas. Justo entonces desperté.

Comentarios

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía