Ir al contenido principal

Goteras

Apenas pasando las cuatro de la mañana se soltó un aguacero de Padre y Señor mío que me despertó sobresaltada. No, ya estaba sobresaltada en el sueño porque ya tiene tiempo que sueño o que alguien que no deseo queme vea me busca o persigue, o que debo llegar a algún lugar y no encuentro cómo.
Justamente estaba yo en mi sueño tratando de evadir que alguien me encontrara. En todos los sueños quienes me persiguen son desconocidos en la vida real y nunca recuerdo ya despierta cómo eran o cómo se llamaban o alguna característica que me permitiera relacionarlos con algo. Pero no es necesario en todo caso conocer ese detalle para saber que estoy mortificada por algo, quizá por el pasado, quizá por la pérdida, quizá por la incertidumbre...

Generalmente recuerdo con detalle mis sueños que siempre han sido muy elaborados y larguísimos, pero de un tiempo a acá o no los recuerdo o sólo fracciones pequeñas o quizá sólo la sensación -como en los últimos casos- de persecución.
Debo retomar mi tradicional costumbre de anotarlos al despertar porque con la mudanza todo se alteró, no sé dónde está la libreta de los sueños y aunque cuando despierto repaso mi sueño y me propongo anotarlo después, su materia evanescente acaba por desaparecer de mi memoria.

Escribo todo esto luego de correr a buscar con qué tapar mi estación de trabajo con impresora, computadora y demás, que para colmo es donde caen las goteras que desde que vinieron a cambiar el trahgluz me hacen la vida de gotitas sin que el casero tenga el menor remordimiento y mucho menos alguna consideración.


Comentarios

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía