Ir al contenido principal

Larga vida al Estú




Estuardo Escalante Durand. Q.e.p.d.



Había una vez unos ojos mansos como lagos que cuando miraban, llenaban de miel el corazón.
Su mirada era profunda y en sus aguas se bebía la más pura ternura.
Guardaba de todo mal, cuidaba sin descanso a costa de su sueño y a cambio recibía toneladas de besos.
Había una vez un corazón tan grande que sólo podría estar en la tierra en la forma del más hermoso perro.
Cuando nos encontró, descubrimos que siempre sería un niño. Estuardo: ¿Cómo te hiciste viejito si siempre fuiste un bebé?
Extiendes con tu pata tu ternura sobre el piso de este pobre corazón que te echa en falta.
Fuimos felices juntos y tu ausencia es ingrata y fría como la sombra. Pero tu corazón de felpa se nos queda prendido por más que parezca que de tanto escurrir nos vamos a desaparecer.
Hasta siempre, mi niño. ¡Larga vida al Estú!

Comentarios

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía