Llegaron a mis manos unas series de fotografías de mi pasado. Es interesante verlo, porque de alguna manera lo recordamos siempre, lo llevamos encima. Pero ver la cara que teníamos, el cuerpo, es recordar con precisión lo que teníamos adentro y nos movía... lo sorprendente es cuando veo una foto y nada, no recuerdo el lugar ni la ocasión, y sin embargo me veo, me reconozco, aunque ya no esté a la mano lo que en aquel momento tuve... Esas pequeñas nebulosas me sorprenden e inquietan y me pregunto por qué habré olvidado ese lugar o ese momento, si acaso no le di la importancia debida, y finalmente prefiero terminar por suponer que, muy al fondo, ese recuerdo se asienta en mi memoria...
Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados. Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para evitar contagi...

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