Tengo el firme propósito de mantener mi esperanza de pie, mirando ese horizonte incierto del año que se acerca. Pensemos que es para bien, que la paz y la alegría llenará nuestro tiempo, nuestras vidas. Que la buena voluntad hará que por fin nos reconozcamos hermanos. Que estas ansias por vivir más tranquilos nos conecten, nos concierten, nos hagan encontrar nuevos caminos que conduzcan a una vida más igual, menos dura, más serena...
¡Ayudémonos! Conectemos pensamiento y corazón para alcanzar esta pequeña pero al parecer inalcanzable meta. Insistamos en nuestra buena fe, apuntalemos la esperanza, confirmemos que somos una estirpe de seres humanos en busca de paz...
Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados. Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para evitar contagi...

Comentarios