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Sobre la educación


Con la zurda intentaré comentar sobre este problema que venimos padeciendo desde tiempo atrás.
En varias ocasiones me han solicitado los maestros que diseñe talleres o ejercicios para provocar que los niños se concentren y aprendan.
Lo que no parece quedar claro en nuestro sistema educativo es que el método que propone no sirve para preparar personas capaces de analizar, argumentar y tomar decisiones. Y de ahí resulta que, si más adelante, en la universidad -o en la vida- requieren dar una opinión o decidir algo, simplemente no saben qué hacer.
Las escuelas primarias tienen un sin fin de actividades y requisitos académicos -o políticos- qué cumplir y eso desvía a los profesores que pudieran tener intenciones de salirse del programa para intentar algo creativo y útil para sus alumnos. Su calendario de materias y actividades está saturado al grado que sólo pueden los niños, cuando mucho, aprender para pasar los exámenes pero no pueden afirmar conocimientos básicos de manera permanente.
Otro problema es la alarmante falta de vocación en los educadores, que hace algunas décadas descubrieron que con lo que era prácticamente una carrera técnica, se podían hacer de un trabajo seguro, permanente, con prestaciones tan atractivas como la de percibir un salario durante las vacaciones escolares. Recuerdo esa época cuando vivía en la Ciudad de México. Esto desde luego modificó la imagen que todavía algunos de nosotros tenemos del maestro por haber aprendido de ellos no sólo por sus clases sino por su ejemplo y entrega.
Eso no significa que ahora no halla profesores de esa talla, pero por desgracia no son una mayoría. La falta de amor a la vocación y las dificultades actuales para trabajar en las escuelas públicas con tantas carencias y currícula saturada no facilitan el trabajo del maestro que para colmo en muchos casos no se prepara voluntariamente para superar esos obstáculos y sigue a pie juntillas el método tantas veces comprobado casi como un rotundo fracaso.
Muchos profesores preocupados por esta problemática se informan, estudian y procuran hacer prácticas diferentes, pero en muchas ocasiones se estrellan contra el muro de la inercia en las escuelas donde enseñan, que no les permiten desarrollar e incentivar el potencial de sus alumnos de manera eficaz e incluso divertida o menos tediosa para sus alumnos.
Y para muestra, el despido del que acabo de ser objeto en donde estaba dando clases prácticamente voluntarias, ya que los maestros, tan atrasados en dar cumplimiento a los programas, decidieron que "no me pueden ceder" una hora a la semana para trabajar con los niños, que como siempre veo desde hace varios años, son los que salen perdiendo.

Comentarios

Alex Escalante ha dicho que…
Lo que están haciendo con la educación es deliberado, Liz. Están desmantelando la educación pública para evitar que el pueblo tenga otras oportunidades diferentes a la fábrica, como obreros.

La educación para gobernar se impartirá en escuelas privadas, para gente con recursos. De esa manera la derecha se asegura de seguir manteniendo el control del país.

Pero la gente quería al PAN, ¿no?
Pat ha dicho que…
Ayy Liz, son batallas que cuesta dar, son batallas en las cuales creo uno debe hacer hasta donde siente que es necesario sin desgastarse, lo demás debes hacerlo de una forma diferente, sé que sabrás encontrarla. Me admira tu capacidad de entrega, siempre he admirado eso en ti, sobre todo cuando se trata de difundir la cultura y pelear por ella.

Un abrazo cariñoso y espero que tu brazo, una herramienta tan necesaria para lo que desarrollas, pronto este activo. Besitos.
sampedro ha dicho que…
La verdadera educación, ha muerto...las aulas ya no se llenan de colibrís, ni de mariposas ni de leones pintados en las ventanas...la escuela se ha convertido en un espacio frió donde los indicadores y las estadísticas dan cuenta de las políticas educativas diseñadas para crear una sociedad insensible y apartada de toda experiencia de contemplación y disfrute...hay que dibujar nuevamente arco iris en las pupilas de los niños y construir con palabras lo que con números destruimos.

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