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Se marchita una esperanza

Allá quedó esa casa, apenas dibujada en la imaginación desatada por las fotografías. El sonido del río al fondo del jardín, la vista del cerro al frente, en fin, todo lo desatado por los recuerdos de mi infancia, en esa otra casa junto al río. No es para mí, según me entero, y no puedo evitar una pequeña humedad en los ojos, un leve pinchazo en el pecho, una nube que se pone gris. Pero estoy triste, no derrotada. Seguiré construyendo mis castillos y seguiré buscando hasta encontrarlos.

Sobre "El viejo y el mar", de Hemingway

Sabía de lo que trataba pero no había leído el libro. A pesar de su brevedad, me parece todo un compendio de lo que es vivir la vida. El drama de la superviviencia cuando depende de la vida de otros, que aunque no sean semejantes son igualmente respetados como seres vivos, aunque no pensantes. El viejo se mide ante el pez colosal que no hace mucho por su vida -porque no piensa, porque para eso está, porque es su destino y su fin- y termina por atraparlo con grandes esfuerzos, coraje, experiencia y valentía. Al conocer el tamaño de su presa el viejo reitera su respeto al animal, a su belleza y su fuerza y reconoce con humildad que le ganó porque él sí piensa. No se vanagloria ni hace de su victoria una mueca de triunfo, sino que acepta que la vida se lo concedió por ser hombre experimentado. El autor nos pone enfrente a la soledad de los hombres que se adentran en la mar, igual a la soledad de cada humano que atraviesa por la vida llevando lo que siente, teme o desea e...

De mudanzas, de otras mudanzas...

Contener los recuerdos,  artefactos que nos conectan con los otros:  quienes nos amaron,  quienes nos dejaron algo suyo,  quienes construyeron flores de papel  para nuestro cabello de nube.  Cajas con instantes congelados  que hacen persistente a la memoria;  libros que acompañan nuestras odiseas,  fragmentos de sueños que se recuperan al mirarlos,  se desvanecen como pompas de jabón y dejan una impronta indeleble. Juguetes de la niña que no fui;  aire que se queda entre los dobleces de las cajas para mezclar al bosque el mar. Goces pequeños, rememorados  con tintes de salada dulzura que nos recuerdan que sí, que sólo de paso aquí.

Un gran hueco

Lo normal sería hacer el recuento. Pero hay un enorme hueco en mi cabeza y en mi pecho. Como estar pasmada, suspendida en una corriente de aire que me lleva a no sé dónde, no sé cómo. No siento miedo, en realidad no siento nada. Es un compás de espera inusitado. Vendrá el tiempo de hablar, de agradecer -estoy segura- pero ahora, no hay palabras, no hay memorias, no hay sino esta inmovilidad y sensación de hallarme en estado suspendido del que no sé cuándo saldré. No siento nada.

Decisiones

Sorpresiva, así es esta Navidad.  Quizá la última que viva a ras del mar, en la esquina del país. Digo quizá sólo por aquello de que Dios dispone, porque la decisión de marchar está tomada. Once años aquí intentando ser parte, queriendo sembrar un poquito de mí. Ciclos que terminan, ciclos que comienzan. Los verdores infinitos me esperan allá, lejos. Las rumorosas aguas seguirán arrullando mi sueño como en la infancia, y los aromas germinales irán desatando mis memorias y emociones. Nuevos ciclos, nuevas aguas, reverdeceres que a estas alturas se antojan increíbles... nuevos temores, otros retos, más tesoros por descubrir para mi cofre de amistades. Duelen un poco los cierres y las despedidas, aunque sean temporales y aunque en nuestras alforjas llevemos lo que necesitamos; un poco de tristeza no está mal, sólo quedarme atada a ella no me lo permito. Amaneceres diferentes, sonidos mojados, visitas de neblina entrando por las ventanas para poner su encaje en las alcobas, y el r...

Con el sagrado pan de la esperanza

Para Andrés Manuel López Obrador Con el sagrado pan de la esperanza decido alimentar esta hora incierta. Tal vez mañana pierda la memoria del horror y el dolor que me acompañan. Tantos huesos sembraron los caminos que una fosa descomunal era la patria. Llanto y oscuridad y crímenes arteros pétalos reventados e la asfixia territorio de huérfanos, la patria. Cada flor un dolor, una astilla zozobra nuestro pan cada mañana sueños que siempre se tornan pesadillas. Y luego de luchar contra gigantes el calendario marca un tiempo nuevo en el que se levantan mis hermanos con los ojos abiertos y las manos prestas. Promete primavera y brotes nuevos, promete acompasar los corazones un poco lejos del horror, tan sólo un poco: hacen falta más días y voluntades para que el árbol renueve sus raíces. Hoy amanece con sol, con lluvia o frío, con el sagrado pan de la esperanza. Liz Durand Goytia

Nuevo proyecto

¡Qué emoción! después de presentar hoy mi último examen del semestre, estaré libre para terminar de diseñar un taller de bordado. Nuevos materiales, nuevas ideas, muchos momentos para dar rienda a la creatividad y dejar salir la voz que llevamos dentro. Nos hilvanamos en preciosas telas, anudamos nuestras memorias, rematamos lo que ha terminado, coloreamos nuestras esperanzas... Estoy ansiosa por ver lo que me depara este proyecto. Primero será un trabajo personal, en solitario para poder explorar, analizar, recordar, pulir, imaginar... y luego podré compartir lo que aprenda