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Se marchita una esperanza

Allá quedó esa casa, apenas dibujada en la imaginación desatada por las fotografías. El sonido del río al fondo del jardín, la vista del cerro al frente, en fin, todo lo desatado por los recuerdos de mi infancia, en esa otra casa junto al río.
No es para mí, según me entero, y no puedo evitar una pequeña humedad en los ojos, un leve pinchazo en el pecho, una nube que se pone gris.
Pero estoy triste, no derrotada.
Seguiré construyendo mis castillos y seguiré buscando hasta encontrarlos.

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