Lo normal sería hacer el recuento. Pero hay un enorme hueco en mi cabeza y en mi pecho. Como estar pasmada, suspendida en una corriente de aire que me lleva a no sé dónde, no sé cómo. No siento miedo, en realidad no siento nada. Es un compás de espera inusitado. Vendrá el tiempo de hablar, de agradecer -estoy segura- pero ahora, no hay palabras, no hay memorias, no hay sino esta inmovilidad y sensación de hallarme en estado suspendido del que no sé cuándo saldré. No siento nada.
Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados. Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para evitar contagi...
Comentarios