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Ella, la más pequeña

De niña su melena era negrísima, brillante como sus ojos. De grande se hizo experta cocinera y solía prepararme unos taquitos dorados de papa que nadie más hace como ella. Como en toda la familia sus habilidades manuales siempre salieron a relucir, a pesar de no ser muy paciente.
Un día enfermó y la fui a cuidar de noche al hospital, donde la pasé dando vueltas para atender a sus vecinas de cuarto porque ella estuvo dormida plácidamente y pronto se recuperó.
Pero otro día, aciago y triste para nosotras, enfermó y la operaron de apendicitis. Ahí, el galeno que la atendió cometió un error en la cirugía y desde entonces arrastra los males que eso conlleva, que no son leves ni pasajeros.
Viajes y viajes de regreso al hospital, a urgencias, a internarla en La Raza, a operarla de nuevo con cirugías de siete horas, darla de alta y recibirla de nuevo en el hospital...
Ahora lleva siete meses sin probar bocado y está superando una cicatrización muy delicada que ha tomado mucho tiempo.
Pero ella está entera, con su negra melena como de niña y sus ojos menos brillantes pero firmes y lúcidos pero sobre todo determinados como toda ella a seguir superando este trance.
No cualquiera. Estar por siete meses o más en un hospital con avances lentísimos en la recuperación y sin probar bocado ni recibir tantas visitas es para gente que está hecha de otra materia. Para quienes como ella, saben que para salir adelante hay que tener confianza en Dios, humildad para resistir, paciencia para no enloquecer y sobre todo, acopiar de todo el cariño y energía que de todas las formas le prodiga su familia.
Pasó la Navidad en La Raza, y así será en el Año Nuevo. Pero seguimos resueltas a esperar lo mejor y a seguir siendo fuertes y empeñosas. Nosotras, las tres hermanas a quienes mi madre y hermanos llaman comadres, nosotras las risueñas y juguetonas y apuronas, nosotras las tres mosqueteras que de ninguna manera estamos separadas pese a la distancia.
Yo aprendo de su fortaleza y paciencia. Soy la mayor pero ella es quien me muestra que ese camino difícil puede ser superado con determinación y fe.
Hace rato nos vimos las tres hermanas ahí en el hospital, nos pusimos guapas -más, ja ja-, comimos unos dulces, hicimos videollamadas para presumir nuestro maquillaje, nos reímos, nos abrazamos y quedamos de volver a vernos en cuanto la vida nos vuelva a dar la oportunidad.
Ella, la más pequeña, cuánto ha crecido y nos ha echo crecer.

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