Ir al contenido principal

Casi despedida

Las paredes están desnudas. Heridas y cicatrices por los clavos y repisas es lo que está dejando mi estancia de tantos años. Entre la pintura y los ladrillos algo habrá que quede, algo de la alegría y la paz con que viví adentro de mi casa. Su energía clara y reposada la instalé antes de empezar a trasladar mis cosas, cuando venía yo misma con un corazón ajado buscando restablecerme. Aquí sería el rincón donde lamiera mis heridas y aquí sané y descubrí todavía más de mí, otras mujeres que habían estado escondidas y que fueron floreciendo lentamente para irme completando.
La vida siempre ha sido generosa, el universo me ha provisto de cuanto he necesitado, sobre todo porque sé que no se necesita mucho -hablo de cosas-.
Así que toca agradecer esta estadía, estas paredes con su hermosa luz al atardecer, este espacio acogedor que ha recibido tantas risas y buenos ratos, tanta gente amiga,  niños encantadores que se fueron convirtiendo en adolescentes, libros y libros adquiridos, compartidos, encontrados, consignados.
Las paredes están desnudas pero están llenas de mí. Aquí dejo a quien venga toda esta alegría hospitalaria. Acariciaré hasta el final cada pared para que me recuerde y honre -como yo- la memoria del tiempo que pasamos juntas.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hermoso escrito querida Liz, gracias, geacias, gracias, porque en esa casa se quedan memorias que compartimos mujeres que cuentan, porque albergo cariño y solidaridad, estoy segura que donde quiera que vayas llevaras entre tus pertenencias, vivencias, recuerdos, pero esperanza y entusiasmo para comenzar un nuevo capítulo de tu enriquecida vida.......Te acompaña mi cariño y respeto por tu valentía y solidaridad.
Maria Angoa

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía