Ir al contenido principal

De poema en poema olvidado en el cajón


De paredes blancas


No está la brisa que mecía mis noches,
el mar a mis espaldas,
la palmera de fondo en la ventana de la sala.
No tengo mis macetas al lado de la puerta,
el pez que vive solo masticando raíces.
No tengo lámpara que alumbre mis lecturas
ni cortinas de manta
ni sombreros de paja.

No me aguarda mi perro a la llegada,
ni  espera ningún beso a mi mejilla
ni otra voz me recibe
ni calienta el café.

Un mismo sol aplana el calendario,
un mismo cielo avisa de la lluvia,
pero estas manos que mueren son distintas
son huecos de rutina,
son agua que se escapa.

Sube la misma luna y no es la misma
porque ha descobijado cada sueño
desde que te persigo cuando duermo.

No está mi casa de paredes blancas
ni su portón con caracoles y con piedras.
Está mi corazón de campamento
mientras regresas –si vuelves- de la ausencia.

Comentarios

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía