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Hace 39 años, en un día como hoy...

Hay fechas que recuerdo, aunque son muy pocas. Sólo tengo presentes algunos cumpleaños, y los aniversarios de otras cosas generalmente no están en mi cabeza. Pero en la fecha que puse por título ocurrió un gran cambio en mi vida, y por eso permanece.

Aquel día no hubo agua en la casa, y acompañada por una de mis tías nos fuimos a unos baños públicos a darnos un baño turco porque yo necesitaba estar particularmente reluciente por la noche.
En casa de mi abuelita, donde yo vivía, todo seguía normal: muchos niños, juegos, café a toda hora. En cierto momento de la tarde procedí a vestirme para la ceremonia: el vestido estaba listo, sencillo, y tenía yo una sensación rara porque jamás había usado antes un vestido largo, en agosto había cumplido 18 años, y era mi primera vez... en muchas cosas.
Me quité los pasadores del cabello, que me quedó un poco rizado, y acomodé el tocado que había comprado en el centro con florecitas de migajón en tonos pastel. No encontré guantes.
Al poco rato me avisaron que habían llegado por mí. Pepe había transformado su automóvil y ahora estaba forrado de satín blanco, sin el respaldo delantero para mi mayor comodidad al ocupar el asiento trasero, y con un círculo de margaritas con un punto en medio en el cofre, indicando su "misión cumplida". Yo era, desde luego, la persona más importante del mundo en esos momentos.
Me despedí de la familia en casa, sólo me acompañarían mis padres y una hermana de mi mamá con su hija, ya que los demás no comulgaban con la idea de la ceremonia.
Claro que en el auto sólo iba yo, como una reina, recorriendo el camino de la Col. Roma a la del Valle, en el DF, donde me esperaban.

Y fue en aquella noche que empezaba, cuando contraje mis primeras nupcias. Con un corazón pequeño y grande, como grandes eran las ilusiones. Con una alegría tan desbordante que el sacerdote nos indicó que "no es un juego"...

Hoy miro a aquella chica, la percibo adentro de mí con su ingenua frescura, y me alegro que se hubiera quedado intacta después de todo, que guardara lo bueno y lo demás lo olvidara.
Soy esta mujer y aquella casi niña. Soy toda esta experiencia pero también esa inocencia.
Me alegra haber crecido un poco, y no me refiero solamente a las canas.


Con mi padre, q.e.p.d.

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Poema para los niños migrantes

Para los niños migrantes


Temprano te salieron alas y esparces la ceniza de un vuelo inesperado. Vuelas hacia una tierra prometida que no existe , donde leche ni miel encontrarás.
Encerrarán tu vuelo en jaulas y el miedo que aprendiste a dejar lejos regresará a morderte por las noches. Ningún río te besará con agua fresca, ninguna señal de la cruz sobre tu frente te va a guardar de la amargura.
Somos testigos de la decapitación de tu infancia, de tu niñez hoy preñada de dolor, de pies cansados y ojos secos.
Que la vergüenza nos cubra cada que te preguntes o que pidas, que el corazón nos duela hasta que tengas alas con vuelo renacido.

Sí, un domingo más

Desde antier por la noche Mauricio y yo andamos un poco desconchinflados: a él le vinieron escalofríos y dolor de estómago junto con el de los músculos de los hombros. Le dí te y masage y pareció sentirse mejor.
Pero ayer amaneció igual, con náusea e incipiente dolor de cabeza. A mí me comenzó un dolor igual en cuanto terminamos de comer en casa de Coquito, con Alfonso que ya había llegado. Antes de salir hacia el hospital me tomé una pastilla que no funcionó y cuando llegamos tomé otra que tampoco hizo efecto. Cuando bajé del piso para que Mauricio pudiera subir, una señora me regaló otra pastilla porque me vio agarrándome la cabeza con las manos...pero tampoco sirvió.
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De regreso en el metrobús nos dirigimos a una farmacia para comprarme una inyección porque ya era migraña mi dolencia.
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Ensenada: estación de partida

Y en el instante en que suena la sirena me salta el corazón: avisa que es una despedida, que los lobos marinos se quedan atrás con la brisa y los buques, con las olas que me habrán de encontrar en otro punto del mar. Ahora el cielo tímido, desdibujado, me saluda, sabe que uno nunca se despide de él. Estoy en una casa de muñecas que me aloja por un rato, algún día voy a poder ser así de pequeña, sencilla como una hoja de papel en donde todo se dibuja o se borra o se transforma. Porque si mi naturaleza de palabras debe tener un lecho sería de papel, uno que no fuera demasiado absorbente porque se chupa la tinta y la hace mancha, ni demasiado liso que no admita el grafito, ese suave y lustroso material con el que a veces intento mi retrato. Regreso, estoy aún en Ensenada por unas horas más después de muchos años, bebo esta brisa con el cuerpo, me asomo a este jardín desconocido por la ventana que da a un cerro lleno deviviendas coloridas pero cenicientas, como corresponde a este lugar. Mucha…