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Encanto de neblina

Primero pensé en pedir auxilio porque mi cama no me dejaba salir y el sonido de la  lluvia me convidaba a seguir arrebujada como un bebé en su cuna. Pero tenía que ponerme a trabajar.
Hice café y me vine a la computadora. En algún momento moví mi silla y quedé frente al tramo de ventana que tenía la cortina corrida y ¡zaz! la magia...

Al fondo un cerro cubierto a medias por la niebla, una bruma vaporosa que sólo deja adivinar la forma de los árboles y casas, y de inmediato se me prendió en la nariz el olor a leña, el canto de pájaros, el sonido del agua de lluvia, la voz del río...estoy en Orizaba, el olor verde de la yerba se condimenta con el de la leña, evoco a las luciérnagas, a los faroles que parecen velas por la neblina que los hace difusos, el café negro caliente, el vaho para dibujar en los cristales y un frío que paradójicamente recuerdo acogedor.
Divina memoria que conserva sensaciones, que atesora esos hilos que me conectan con aquella niña, aquella ciudad, aquella infancia, siempre patria.

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