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Un descubrimiento

Se decidió ir a Tijuana el día de ayer, ahora que la hija tiene empleo y que ya no podrá andar de veraneo por esta su casa...
Comimos en el mercado Hidalgo porque nos encantan las carnitas y luego nos llenamos los ojos con todo lo que hay en ese lugar: verduras, semillas y frutas exóticas, cazuelas de barro, chiles secos, dulces regionales -me compré mis palanquetas de cacahuate- y cuanta maravilla. Traje ayocotes para cocinar en la semana...
Luego nos dimos la vuelta por el Centro Cultural Tijuana, pero ya habíamos visto las exposiciones, así que estuvimos viendo libros en la librería recién cambiada de lugar y nos dispusimos a ir en busca de un café.

Paola tenía datos de un lugar que no conocíamos, y ahí nos dirigimos. Se llama Sospeso, su ambiente es moderno y acogedor y no muy grande. Cuando ordenamos y yo pedí un expresso, me dijo que lo elaboraría con un café etíope "amantequillado" muy bueno y yo me quedé sin saber qué esperar con esa descripción. Luego trajeron una pequeña obra de arte en la tacita y al probarlo ¡maravilla! un café sin amargor, con fuerte sabor pero a la vez suave y, efectivamente, con la sensación de mantequilla. El deleite fue instantáneo y estuve muy contenta de haber experimentado esa novedad en el café, aunque lo lamentable es que no me quede a la vuelta de la esquina. El latte de Paola y el capucino también estuvieron deliciosos y nos dieron la energía para el regreso.  Ah, nótese el pequeño florerito que con gusto me hubiera traído de recuerdo, con sus hojas verdes y pequeñas...

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