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¿Epidemia de gripa en Ensenada?

Todo el mes pasado, con dos intervalos de apenas tres días, me la pasé con gripa, y esta semana pasada me cayó otra encima. Son distintas de las que recordaba, ya mencioné antes que hacía mucho tiempo que no me enfermaba de gripa. Esta vez el dolor de huesos y de cabeza es lo más escandaloso. Curiosamente, no he tenido ningún flujo nasal, y me pregunto si es esa la razón por la cual de repente en la mañana cuando desperté, ¡nada! no podía abrir los ojos, estaban completamente pegados.
Inmediatamente reviví la sensación cuando, de niña, me amanecían los ojos pegados a causa de las "perrillas", esas hinchazones purulentas que durante la noche reventaban y me dejaban los ojos sellados con sangre que mi madre o mi abuela pacientemente diluían con algodones empapados en agua de rosas de castilla tibia...
Esta vez no madre, no abuela, sólo esa mano temblorosa que se dirige para percibir qué clase de cosa está envolviendo al ojo, percibe una sustancia reseca y arenosa, se dirige al lavabo, moja un algodón con agua corriente de la llave y limpia la superficie hasta que puede abrir los párpados. Entonces contemplo un derrame en el ojo izquierdo, y la hinchazón en ambos. Hay un latido en mis oídos en forma de zumbido como cuando me baja la presión. La nariz es una zona de desastre aunque no se echa de ver, sólo percibo una tapazón, un cosquilleo y ningún escurrimiento. La frente, los ojos, la cabeza, tienen en su interior un infernal aparato de tortura. El pecho es un depósito de cosas que es mejor no describir, baste decir que duele cuando lo sacude la tos.
La vista es débil y nublada, no sé si por el derrame, las lagañas o la inflamación. Cuesta trabajo leer, cuesta trabajo escribir, cuesta trabajo ver...
Sólo queda esperar. En las farmacias, dos personas me han comentado que al ir a comprar medicamento para la gripa han encontrado los anaqueles vacíos. Y muchas personas, amigos y conocidos, están en estos mismos trámites de enfermedad...

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Esta mañana Dr. Chipocles

Desde la cama me puse a ver noticias. Sé que no es -ni con mucho- la mejor manera para levantarse, pero lo hice sin pensar. Encontré que estaban dando un reportaje acerca de un médico en el Hospital de Pediatría de la ciudad de México, en donde todavía ando por suerte. El doctor especializado en oncología ha sido bautizado por sus pequeños pacientes como "Dr. Chipocles", que es la manera que tenemos los mexicanos para denominar a alguien que es muy bueno en lo que hace, y lo que no sé es por qué se eligió el nombre de un chile -chipocle, chipotle- para eso. El caso es que este médico inusitado es tan sensible que no solamente se disfraza de distintas cosas para ir a trabajar como el famoso Dr. Patch Adams, sino además, al ser entrevistado sobre su trabajo, termina diciendo, con la garganta cerrada y lágrimas en los ojos, que se considera un ser especial por poder hacer el trabajo que hace. Y lloró cuando mencionó a sus niños enfermos que ya no están con nosotros. Tengo que ad...

Sorprendente

Hoy tocó la revisión médica de Paola aquí en Ensenada. Le habían pedido que se hiciera unos estudios para ver las condiciones del hígado y una biometría hemática. Tiene ya casi un mes que le disminuyeron los medicamentos, y en lugar de 39 pastillas semanales, ahora toma nueve. La sorpresa para la doctora y la enfermera que la atienden, fue que los resultados del hígado son normales, y no tiene anemia. Dijeron que en 20 años, es la primera persona a quien se da un tratamiento intensivo por seis meses y además, no aparecen secuelas del medicamento. Sí, sorprendente, pero ¿sorprendente? ¿Y las veladoras con las mejores intenciones que llevaron mis amigas poetas a la Catedral en Oaxaca? ¿Y todas esas energías positivas que desde el fondo de sus corazones me enviaron familiares, amigos, conocidos y hasta desconocidos cuando me veían penando por mi hija? ¡Claro que tenía que resultar! Ahí está ella, la princesa del poema Ojos de veladas lunas, ahora radiante, con más dinamismo y con aspecto ...

Cuando ronda la muerte

En realidad todos estamos a las puertas de la muerte. Cuando niños, mis hijos se asustaban cuando yo decía "no sé si mañana voy a amanecer muerta" pero es algo que siempre me ha quedado claro. Lo difícil es aceptar la otra muerte, la de alguien más. Y últimamente he pasado ya algunos sustos. Porque por más que sepamos que es un paso más, nos asusta tener que prescindir de quienes queremos, nos duele no verlos cuando se nos antoje, nos martiriza pensar en no tener más sus palabras... Y ahora pareciera que le toca a él, al más fuerte de mis hermanos. Todos son unos animalotes como siempre he dicho, pero él ha sido diferente. Si se marchó de la casa a los once años con un circo que visitaba Orizaba, es porque era diferente ¿no?. Pasaron años hasta que dimos con él y cuando volví a verlo parecía una estatua: enorme, bien formado, moreno y con un vozarrón que dejaba clara su presencia. Decidió como pocos que viviría la vida a su manera, y ha sido congruente. Por eso ahora me dice...