Ir al contenido principal

Última entrevista



Mi amiga Marielena Cerecero y yo tenemos una amistad más que especial, que no puede ser descrita ni clasificada pero es muy clara.
Nos vimos al principio de mi llegada a esta ciudad, todas norteadas porque aparecimos cada una en diferente lugar esperando a la otra, pero al fin nos encontramos.
Pasó el tiempo que he estado aquí y ayer nos entró a las dos la ansiedad por vernos de nuevo para despedirnos. Así que nos pusimos de acuerdo para vernos después de que intentara yo hacer un pago, y hoy por la mañana, luego de dos intentos previos de liquidar el recibo del agua, me lancé por tercera vez en busca de la oficina donde cobran.
Finalmente, fue en la Glorieta de Camarones. La fila me impresionó porque ni en las pesadillas hay esa cantidad de gente en Ensenada cuando voy a pagar el agua, pero por fortuna me tomó veinte minutos hacer la fila y pagar.
A la salida había micros y escuché a una chica decir los nombres de las calles por las que pasan, y me subí en uno sin pensarlo...mal hecho, porque resultó que iba para no-sé-dónde y como yo estaba pensando en la inmortalidad del cangrejo, cuando me di cuenta no sabía dónde estaba.
Pregunté al chofer si iba para Azcapo y dijo que no pero me bajó en un lugar con las indicaciones para tomar el micro que me llevaría. Me dejó lejos del lugar en donde había quedado de ver a Marielena, caminé el tramo rápidamente pero me tomó veinte minutos. Lo bueno que quedamos como siempre: "La que llegue primero, espera a su compañera".
Platicamos de los hijos, de la casa, los encuentros, nuestro trabajo de escritoras, los viajes y en fin, de todo un poquito. Me dejó en la esquina de la casa. Nos gusta despedirnos como si nos fuéramos a ver al día siguiente aunque a veces han pasado años...
Pero antes de irme, tengo que ver que arreglen en la azotea un desagüe porque tenemos filtración. Vaya modos de conectarla a una con la realidad.

Comentarios

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía