lunes, 10 de septiembre de 2012

Un pequeño secreto

Era ese instante del silencio nocturno en el que podía escuchar la música de una manera mágica, como metiéndose en sus venas. Los acordes románticos de sus tiempos de flor, de zumbido de abejas y alegrías llenaban la oscuridad con sus notas luminosas.
Pasó de golpe al presente, escuchando esos acordes que le tuvieron el corazón estrujado de felicidad y vida. Se vio en este momento y se dio cuenta de cuánto disfrutaría tener la fiesta de su cumpleaños con todos sus amigos volviendo a ser aquella algarabía de pájaros. Se vio tomada de la mano del galán más hermoso y cinematográfico, y se supo la morada de ese pecho...
Se sintió con otra piel, envuelta en el amor que la rodeaba y del amor que le había sido dado para cada momento de su vida sin que jamás perdiera, aunque pasara. Amor que estaba dentro y fuera, que todo lo curaban, que la dejaba después de las derrotas con una sola rodilla hincada que siempre levantaba para volver a caminar...
Pero no están aquellos pájaros, sus nidos fueron quedando en el pasado, en lugares desconocidos. Y además, se dijo, "faltan dos años para que cumpla La Edad",  pero con todo y eso los veía vívidamente en su fiesta, todos felices escuchando esa música que los desveló y les prendió el corazón y la vida de ilusiones. Los contempló sonrientes, lozanos en su medianía de edad, como si pudiera tocarlos...
Súbitamente, con una risa profunda y convulsionada, con los ojos anegados, se dijo una y otra vez "¡Aquí está! ¡Aquí está! ¡Aquí está!" ¡Es ahorita mi fiesta! Y sintió tal plenitud en su cuerpo, su corazón y su memoria, y tan enorme gratitud en su corazón, que se soltó al llanto y a la risa dando gracias, por mucho, mucho rato.

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