Ir al contenido principal

Cambio de canal: cumpleaños

No, el mío ya pasó. Pero hablo de otro que de todos modos me toca, y es uno de los que me convirtieron en madre. Es el cumpleaños de mi hija y por si a ella no le parece no mencionaré su edad. En éste que es uno de sus dos cumpleaños, recuerdo de nuevo cómo deseaba tener una niña. En aquel tiempo no había ultrasonido, no tenía posibilidades de saber si era niña o niño, y todavía en una de las últimas citas con el médico nos hacían radiografías para saber en qué posición se encontraba el bebé.


Recuerdo que la doctora que me atendió en urgencias me preguntó ¿Si es niña, cómo le va a poner? Le contesté. ¿Y si es niño? ... ¿Y si es niño?... Silencio. No tenía yo respuesta. O mejor dicho, "Tiene que ser niña". Vino la reconvención por parte de la doctora, que no me fuera yo a traumar si no era niña, que no fuera yo a hacerle daño a una criatura, que esto y lo otro...
El caso que, como siempre, Dios me escuchó y tuve a la niña, porque ya tenía al niño. A esta niña que con las lámparas de sus ojos me ha llenado la vida. La que a demás resultó desde siempre ser la más bonita de los alrededores, muy simpática y tiernita.
La que ahora que es mujer me sorprende gratamente con sus convicciones. Esta chica me enternece porque siempre tiene a su niña a la mano: cuando sigue comiendo dulces como enana, cuando juega con sus perros, cuando se asusta de subirse a la bici como si fuera más difícil que manejar su vida.
Me sigue recordando a un remolino, a un faro, a una muñeca.
Me hace sentir, cada día, aquella misma felicidad que me hizo grande el pecho al escuchar a la doctora en la sala de partos: "¡Ay Elizabeth: es niña!", pero a la vez diciendo "¡Se salió con la tuya!"





Comentarios

Lo que más te gustó

Poema para los niños migrantes

Para los niños migrantes


Temprano te salieron alas y esparces la ceniza de un vuelo inesperado. Vuelas hacia una tierra prometida que no existe , donde leche ni miel encontrarás.
Encerrarán tu vuelo en jaulas y el miedo que aprendiste a dejar lejos regresará a morderte por las noches. Ningún río te besará con agua fresca, ninguna señal de la cruz sobre tu frente te va a guardar de la amargura.
Somos testigos de la decapitación de tu infancia, de tu niñez hoy preñada de dolor, de pies cansados y ojos secos.
Que la vergüenza nos cubra cada que te preguntes o que pidas, que el corazón nos duela hasta que tengas alas con vuelo renacido.

Sí, un domingo más

Desde antier por la noche Mauricio y yo andamos un poco desconchinflados: a él le vinieron escalofríos y dolor de estómago junto con el de los músculos de los hombros. Le dí te y masage y pareció sentirse mejor.
Pero ayer amaneció igual, con náusea e incipiente dolor de cabeza. A mí me comenzó un dolor igual en cuanto terminamos de comer en casa de Coquito, con Alfonso que ya había llegado. Antes de salir hacia el hospital me tomé una pastilla que no funcionó y cuando llegamos tomé otra que tampoco hizo efecto. Cuando bajé del piso para que Mauricio pudiera subir, una señora me regaló otra pastilla porque me vio agarrándome la cabeza con las manos...pero tampoco sirvió.
Pablita estuvo contenta con la visita de Alfonso, ya se sabe que él es siempre tan ocurrente que resulta cómico y se pasan ratos muy gratos en su compañía.
De regreso en el metrobús nos dirigimos a una farmacia para comprarme una inyección porque ya era migraña mi dolencia.
La caminadera por el cierre de estación fue más a…

Ensenada: estación de partida

Y en el instante en que suena la sirena me salta el corazón: avisa que es una despedida, que los lobos marinos se quedan atrás con la brisa y los buques, con las olas que me habrán de encontrar en otro punto del mar. Ahora el cielo tímido, desdibujado, me saluda, sabe que uno nunca se despide de él. Estoy en una casa de muñecas que me aloja por un rato, algún día voy a poder ser así de pequeña, sencilla como una hoja de papel en donde todo se dibuja o se borra o se transforma. Porque si mi naturaleza de palabras debe tener un lecho sería de papel, uno que no fuera demasiado absorbente porque se chupa la tinta y la hace mancha, ni demasiado liso que no admita el grafito, ese suave y lustroso material con el que a veces intento mi retrato. Regreso, estoy aún en Ensenada por unas horas más después de muchos años, bebo esta brisa con el cuerpo, me asomo a este jardín desconocido por la ventana que da a un cerro lleno deviviendas coloridas pero cenicientas, como corresponde a este lugar. Mucha…