miércoles, 24 de febrero de 2010

Sobre la frontera

Sí, debo explicar que para mí la frontera fue, por mucho tiempo, algo lejanísimo en todos los aspectos, comenzando por el geográfico porque yo vivía en la capital del país, el D.F. Por tanto, pensar en viajar a los Estados Unidos implicaba tener una buena cantidad de dinero, primero para pagar el avión que ya sabemos que en este país es verdaderamente caro, y luego porque habría que llevar dólares. Total, poca gente podía hacer ese viaje y a mí ni siquiera me interesaba, al menos no mientras no pudiera conocer siquiera Oaxaca.
Luego me vine a vivir al norte, y al cabo de un tiempo comencé a ver que la frontera es especial, es una especie de limbo porque ni está aquí, ni está allá, dijéramos a manera de Cantinflas. Porque para los norteños México está muy lejos y tienen más afinidad con los gringos por la simple cercanía, y porque si admitimos que la penetración cultural y comercial de los norteamericanos se echa de ver ya bastante en el centro del país, en la frontera es apabullante: se comienza por el vocabulario, que incluye muchísimas palabras e inglés, algunas deformadas, y luego están las medidas, que aquí son en pies y pulgadas aún cuando usamos -se supone- el sistema métrico decimal. Los vehículos son mayormente traídos del otro lado -así le llamamos en todo el país a los Estados Unidos: el Otro Lado-, y en el supermercado es hasta recientemente que tenemos más cantidad de productos mexicanos que antes, pues es menos costoso traer productos norteamericanos por la cercanía.
El caso es que sí, un día me decidí a cruzar la frontera y pisar ese suelo tan odiado o anhelado en todo el mundo: lo que ellos denominan "América" y al resto de los americanos tanto nos molesta. Fue precisamente en esta frontera, la más compleja del mundo: Tijuana-San Diego. Y cuando crucé, nada, no pasó nada. No cambió el aire ni su olor, ni el sol, ni sentí nada raro. Me observé detenidamente, y contemplé el entorno. Sí, mucho más limpio y silencioso. Y desierto, nunca se ve a persona alguna caminando por las calles. Luego vino toda la parafernalia: tomar un trolebús al que también subían personas a pedir limosna, blancas o negras; entrar en un moll, en fin, todo tan parecido. Excepto quizá por tanta asepsia, y tanta diversidad de razas por todo lado.
Para quienes vivimos en la frontera los inconvenientes son por ejemplo los precios, porque todo es más caro y lo echamos mucho de ver cuando viajamos al centro del país; la comida, porque aquí toda comida típica es más bien una imitación porque no se dan en este lugar los ingredientes, y en lo personal, diría que la penetración cultural, porque es más fácil y rápido perder nuestras raíces, y eso en caso de que las tengamos, porque hay personas aquí que no conocen México, no se identifican y peor aún, no les interesa.
Todo esto vino a colación por el comentario de Pat y porque cuando viajo, algunas personas me han dicho que es una suerte vivir pegada a los Estados Unidos. Pero como todo en la vida, tiene sus asegunes.

martes, 23 de febrero de 2010

Curso de Calcografía


Apenas ayer me enteré de que nada menos que la maestra Pilar Bordes daría un curso de una semana en el Cearte, y conseguí todavía un lugar en el taller, así que comencé esta inesperada actividad que siempre me deja con la cabeza dando vuelts y sin poder dormir, imaginando montones de cosas para dibujar o pegar o pintar... Justamente estoy haciendo bocetos para una punta seca en acrílico y me gustó el tema de los acróbatas por su plasticidad.
Por otro lado, la gripa ya se me declaró y habrá que convivir con ella unos cuantos días. Claro, amanecí en mi recámara con quince grados, casi la mitad de los que había en Costa Rica.
El monólogo de la menopausia me fue requerido por segunda ocasión para su lectura creo que en próximos días en la Casa de la Cultura, y habré de revisarlo o escribir uno nuevo.
Mati, el york terrier de Paola, está hospitalizado enfermito del hígado, estamos asustadas... Confiemos en que salga bien.

sábado, 20 de febrero de 2010

¡Ensenada!




Anoche fui al Parque Balboa en San Diego con David, el hijo de mi amiga Lety. Bellísimo, inmediatamente pensé que Julia querría ver esos árboles, distintos pero tan hermosos como los de su tierra. Vi la fachada del invernadero, con un estilo oriental hermoso, percibí el frescor de la noche, el aire frío, las luces de esa ciudad ordenada y silenciosa. Por desgracias no aprendí nada de Julia, pues no llevé mi cámara... Pensé en cuántos caminos me ha sido dado recorrer a lo largo de mi vida, pues comencé de niña, y la gratitud no cabe en mi corazón que se desborda.
Esta mañana, finalmente, he llegado a mi casa. Lety me trajo en su camioneta porque fue conmigo a una sesión de reiki con Deyanira, que por cierto me dijo que regresé de Costa Rica completamente depurada. Después Lety se fue para su casa en San Diego, yo salí a comer con Alex -me atasqué de tacos de pescado y más tarde tuve náuseas-, esperé a que Paola llegara la casa con Edgar, la acompañamos a comer y tuvimos que enterarnos de una terrible noticia casi al terminar, ya que la hermana de Edgar, súbitamente se sintió mal en su casa del DF, y al llegar el médico la hizo trasladar al hospital, donde acaba de fallecer.
Un poco caótico el regreso desde antier, pero nada fuera de lo que es esa manera que tiene la vida de hacernos sentir precisamente eso: que vivimos.

La lluvia me ha seguido desde Costa Rica: anoche llovió en San Diego, y por la mañana y hace rato, aquí. ¿Será que sabe que me encanta?

Por lo pronto, yo no dejo de pensar en la Esperanza, esa que me cayó en el plato en Pocosol y que me llenó los ojos con su verde tierno, con su patita coja. La guardo en el corazón, donde debería estar siempre.

Querida Pat: San Diego siempre está a una hora de mi casa, que es tu casa, es un trayecto corto que puedo realizar cada que quiera porque vivo en plena frontera, con todo lo que implica.

Y nada más para que se les antoje: esta tarde me hice un café chorreado con café de Costa Rica, y lo he tomado ya en la sala de mi casa, con mis perros a mis pies, con mis plantas verdecidas por la lluvia, con mis cosas asentadas y esperándome.

A petición del respetable que se toma la molestia de insistir sobre mi tratamiento para la columna, aquí pongo los testimonios gráficos que la querida Julia, con la cámara que ahora parece una extensión de ella, obtuvo aquella tarde para documentar ese otro aspecto de mi viaje, que también fue su motivo. Daniel, naturalmente, estuvo presente para darme apoyo moral... aunque ahora veo en la foto lo mucho que le costó; y el Dr. José Andrés Matamoros, médico Anestesiólogo del Hospital San Carlos. hijo del esposo de Julia, que me hizo el tratamiento sin cobrar y dicho sea de paso, ha resuelto la vida de muchas personas con la técnica que utiliza para dar alivio a la columna.

viernes, 19 de febrero de 2010

Bitácora del traslado

Contra lo esperado, pude dormir un rato en el trayecto al aeropuerto, luego de que Julia se levantara a las cuatro de la mañana para llevarme a la terminal para tomar el bus. El chofer puso su fiesta de boleros y mariachi pero pude dormir oyéndola entre sueños.
Luego de echar los hígados en la rampa de subida para entrar al aeropuerto jalando mi maleta de 43 kilos, la mochila en la espalda y el maletín de la laptop, hice mi entrada triunfal para la fila del pago del impuesto, y luego a documentar para pasar a las revisiones, que me tomó tanto tiempo que no pude ya pasar ni cinco minutos en el tax free como esperaba.
Total, ya trepada en el avión al menos pude todavía tomar café con leche Dos Pinos y al fin despegamos, pero tenía taaaanto sueño que ni siquiera pude contemplar a Costa Rica en la distancia, porque me quedé dormida, únicamente desperté cuando el instinto me dijo que había que mover el diente, y cuando pasaron con los papelitos para que llenara uno un titipuchal de datos para poder ingresar al país llamado más poderoso de la tierra.
Claro que ahí cruzar la aduana fue todo un viacrucis, porque hay que hacer las cosas de cierta manera, y como además me ven cara de gringa porque sólo me hablan en inglés, me toman por tonta cuando no hago las cosas como se debe.
Una vez que crucé exitosamente la aduana, había que correr a donde el punto de conexión con el siguiente vuelo, pero la sala quedaba tan lejísimos que al llegar, la dama del mostrador me dijo que "sorry mam" pero el vuelo estaba cerrado. Y yo, con la lengua de fuera, el corazón en la garganta, las patas desbaratadas por la carrera, y la sorpresa de que nomás no hay vuelo.
Total, me mandó diez salas atrás a que viera si habría lugar en el siguiente vuelo, ya que de no ser así, tendría que esperar hasta las seis de la tarde (era la una) para poder volar.
Claro que cuando llegué a esa sala mi pie ya tenía la piel rota por la pulsera que me lastimó de tanta corredera, y me pidieron que esperara a que se llenara el avión, cuando fuera tiempo, para saber si me iba. Para entonces mi lengua estaba totalmente pegada al paladar -dicen que así se siente estar pacheco- y mi espalda dolorida por andar cargando la mochila.
Tenía que esperar una hora, y mientras, sin alejarme mucho de la sala por el pánico a perder de nuevo otro avión, me fui a comprar un jugo -¡cinco dólares!- y una almohadita para el cuello, porque ya presentía que me iba a rezongar. La empleada me hizo el favor de cortarle las etiquetas y cuando caminé rumbo a la sala fui dejando un reguero de microbolitas de nosequé porque se perforó la almohada y debí regresar a cambiarla.
Cuandlo al fin comenzaron a hacer abordaje, luego de quién sabe cuánto tiempo, me dijeron que sí, tenía lugar!!! Fue en la última fila y por supuesto que no había espacio para guardar mis maletas. el avión era para pigmeos porque apenas cabíamos en los asientos, y como debí poner una maleta en el piso, no tenía espacio para mover los pies para ninguna parte, ni estirarlos. Los señores a mi lado llevaban los brazos cruzados para no invadir mi espacio y los respaldos no se reclinaban así que pueden imaginar la tortura de viajar así por otras tres horas y media.
¿Han visto a los canguros? ¡Pues así bajamos! con las piernas y los brazos encogidos. Para colmo se me había ido el avión donde servía comida y en ése únicamente me dieron dos minipretzels, eso sí, en una bolsita cada uno...
Total, que la Lety llegó de salvadora a recogerme al aeropuerto, y pasamos a comprar un hotdog y una ensalada para el hambre que tría. Luego de una superpadre conversación de esas que siempre tenemos las amigas, me fui a dormir temprano y esta mañana desperté con el aroma y el sonido del café moliéndose...
Así que aquí estoy, en San Diego, sana y salva pero bastante atropellada, me duelen la espalda y el cuello y las rodillas pero nada que no tenga remedio.
¡Y mi columna bien, Julia!

miércoles, 17 de febrero de 2010

Buen término




Pues sí, todo termina, y mi estancia en este paraíso llega a su final en un día extremadamente lluvioso, como último regalo de Costa Rica en esta visita. Toda la noche parece haber llovido, y así amaneció y sigue el día. Evelsie va a preparar sopa negra para la comida, que se apetece por el frío, y el pobre Puffy se vino a acurrucar a mi cama luego de que pasó toda la noche afuera porque olvidamos abrirle la puerta a nuestro regreso del Club de Horror en casa del Dr. Carlos Aburto.
Tengo casi lista la maleta, y no puedo negar que el estómago ya se me hizo nudo. Porque así me pasa por los viajes, porque como quiera será una despedida, porque llevo muchas cosas en la cabeza, porque tengo curiosidad de qué voy a encontrar a mi regreso...
La casa que me abrigó durante mi estancia, con orquídeas a la entrada, y el adorable Daniel, que voy a extrañar tanto.

martes, 16 de febrero de 2010

Casi últimas








No podía dejar fuera la foto de esta hoja seca, de tamaño impresionante y colores maravillosos... Claro, la encontré en Pocosol.
La siguiente es desde la terraza, mirando hacia la laguna, donde apenas se nota una lanchita.
En la finca de Julia y Juanjo, el baño es como se aprecia en la foto... ¡inspirador!
Un restaurante donde desayunamos camino a Naranjo, en la lluviosa mañana.
Ya en esa localidad, la vista desde la casa de la hermana de Juanjo. Al fondo, Cartago y San José.
Al fin, una foto de Ciudad Quesada y luego Julia comprando la carne para el almuerzo.

Fotos






Esta es una mariposa nocturna o polilla que encontramos en el paseo nocturno, en la entrada a las cabañas. En donde se ve una mano, lo de color rojo es la víbora joven que había mencionado antes, pueden picar en la foto para que se amplifique y la observen mejor. No pude tomar foto de todo lo que vimos porque mi cámara es sencilla, pero pude tomar la de una ranita que estaba en una tabla que funge como mesa a un lado de la laguna. Una de las terrazas de las cabinas aparece envuelta en bruma, que es el manto casi permanente del bosque lluvioso.
Al parecer mi fortuna anda de buenas, pues cuando estábamos en el comedor, de pronto escuché que algo cayó en mi plato, que ya no tenía comida, y al mirar escuché que los demás decían "¡Mire, una esperanza! ¡Qué buena suerte!". Y en efecto,
.en mi plato, degustando lo que encontraba, una Esperanza de color verde tierno hermosísima...

Casi de regreso





Aunque me parece increíble, he pasado aquí prácticamente las tres semanas programadas. Tengo solicitudes insistentes para permanecer más tiempo pero no depende de mí resolverlo, aunque como imaginarán, no me faltan ganas.
La semana pasada fuimos a Pocosol, a una estación biológica de la Asociación Conservacionista de Monteverde. Tienen cabinas para hospedaje verdaderamente cómodas y la zona del comedor es bellísima, Julia se hizo cargo de la reconstrucción y decoración con un éxito que le valió el reconocimiento especial de sus compañeros. Las mesas y sillas están hechas con bambú y madera con un gusto exquisito.Es un bosque lluvioso gigantesco cuya hermosura ni siquiera intento describir. Cuenta más de 300 especies de aves, y son incontables las de insectos y la fauna. Tuvimos un paseo nocturno con dos guías extraordinarios que así, de caminar en la densa noche, encontraban ranitas diminutas en la punta de una hoja, o una víbora zopilota al pie de alguna planta. Arañas, ranas, e incluso pudimos presenciar el momento en que un insecto que yo jamás había visto, dejaba su "cáscara" para salir de ella renovado, poco a poco, luciendo colores brillantísimos. Hermoso.
Después nos fuimos a la Finca, y al día siguiente a Naranjos, una ciudad pequeñita y encantadora en donde hay beneficios de café y comimos con la familia de Juanjo hasta el hartazgo, pero no pude decir que no a un café de cata extraordinario que nos convidaron.
Regresamos a Ciudad Quesada. Los días han estado lluviosos y la humedad es impresionante, las paredes prácticamente escurren agua. Hicimos algunos ejercicios de esgrafiado por la tarde, y en la noche teníamos invitación de Carlos Aburto y su esposa a una reunión para leer mis poemas. Javierluz llegó de donde andaba para poder asistir, y vino también un productor de cine tico que vive en Turín, lo mismo que otro amigo agrónomo. La casa de los Aburto es muy linda, y ella preparó entraditas deliciosas para picar, y luego nos sirvió un chifrijo delicioso.
La lectura estuvo acompañadísima con la sampoña de Javier, la guitarra de Juan Carlos y las percusiones del improvisado percusionista-médico Carlos.
La noche se nos gastó en un santiamén y como andaba coo nosotros el pobre de Daniel, todo desvelado y cansado, tuvimos que salir corriendo de lo más alegres.
Este día debo dedicarlo a ordenar mis maletas, pues no he tenido paz desde que llegué y está desordenada. Espero de verdad tener tiempo siquiera para poder llevar un poco de café...
Ah, cómo será difícil el choque del regreso, con tanto verdor aquí, con árboles frutales creciendo los jardines sólo porque alguien tiró un pedazo de fruta, con colibríes comiendo de los plátanos, oropéndolas en árboles a los lados de las carreteras, llores hermosísimas y la voz, esa hermosa voz que tiene siempre la lluvia...

martes, 9 de febrero de 2010

Informe del viaje

Las cosas han ocurrido en tumulto, comenzando por la precipitada decisión de viajar que prácticamente tomó Julia por mí.
Horas después de mi arribo a su casa, al amanecer, salimos de vacaciones por cinco días a la zona de Uvita, y nos hospedamos en un hotel llamado RioTico, lugar maravilloso que tiene en sus alrededores parques marinos, ríos, montañas, bosque, playas de agua caliente y por si fuera poco queda a muy corta distancia de Sierpe, antigua ciudad bananera con gran peso histórico para Costa Rica, en donde se encontraron vestigios prehispánico consistentes en grandes esferas de piedra cuyo origen y manufactura son desconocidos.
De regreso descansamos un día y nos fuimos a Monteverde donde conocí un hotel boutique llamado El Sol, cuya dueña, Elizabeth, es alemana y chamana muy cálida. El es simplemente un paraíso. Ahí tomé baños sauna, ritual de belleza y me metí desnuda a una piscina de piedra natural en medio de la montaña.
Luego, mientras Julia estaba en una reunión de trabajo, fui a descender sola a una cascada y al regresar por ella fuimos a visitar a Patricia Mainer, que tiene un bar y teatro allá y que es compañera de la generación G-14. Vimos una obra de teatro muy buena llamada El canto de las ballenas, y curiosamente la actriz de carácter es madre de otra de nuestras compañeras del grupo.
Al día siguiente salimos para Santa Clara, a la finca de Julia y Juanjo. Fue día de votaciones, que terminaron felizmente luego de gran fiesta cívica popular y democrática, con la elección de su primera presidenta.
Finalmente, el lunes se programó mi tratamiento para la columna, que fue vía epidural, mediante una inyección en la médula o algo así. Estuve dolorida toda la noche pero amanecí mejor y he podido seguir con los ejercicios de higiene de la columna.
El martes 9 fue cumpleaños de Daniel, que fue a San José a comprar sus útiles para la escuela, y me quedé con Evelsie la muchacha para preparar comida de cumpleaños: camarones gigantes en salsa de tamarindo y con aderezo de polvo de flor de jamaica. Queque de chocolate y vino blanco, nada mal.
Hoy miércoles voy para San José a reunirme con amigos del grupo G-14 a casa de unos amigos recién conocidos. Tendremos una tertulia porque van músicos, actrices fotógrafos, poetas y yo.
Así que hasta la próxima!

miércoles, 3 de febrero de 2010

Costa Rica








En este paseo sobran las palabras. El viaje es con Julia, Juanjo su esposo y Daniel, su hijo. Estuvimos en un hotel que tiene un concepto de tiendas de campaña a modo de cabañas, y a un lado corría un río. Tucanes en los árboles, y mariposas inreíbles por todo lado, entre otras cosas... La compañía, la comida, los lugares, la historia... todo verdaderamente maravilloso. En el mar, Julia fue a buscar paisajes por debajo del agua.