martes, 29 de septiembre de 2009

No hay chaca chaca

Primero fue la misteriosa y extraña aparición de las hormigas -como dijo Becerra- y luego mi lavadora me dejó hablando sola: justo en el ciclo en el que debía exprimir, se le agotaron las fuerzas o le dio un síncope o algo pasó y se detuvo. Ni un solo sonido, rechinido, rumor, salió de su cuadrado y esmaltado cuerpo. Hube de sacarle el agua bajando su manguera al piso.
Luego me lancé a buscar a quien denominaremos El Primer Técnico, que luego de pedir datos y datos, aseguró que vendría a consultarla. Nadie apareció por la casa.
Al siguiente día decidí ir a buscar al Segundo Técnico, que tras preguntar dirección y marca y nombres y teléfono, aseguró lo mismo que el primero, procediendo a hacer exactamente lo mismo: no venir.

Hoy por la mañana al rato de haber despertado, recibí un mensaje en mi celular en el cual un amigo me decía que nos veíamos a las tales horas en tal lugar, sin más ni más. Bueno, no tengo pendientes y puedo ir, pensé extrañada. Pero cuando me estaba arreglando para salir recordé que precisamente con él había quedado de ir a una sesión de reiki que había olvidado por completo. Llegué al lugar acordado con todo y termo de café y nos lanzamos a la cita.
Toda una experiencia de la que hablaré -o no- en otra ocasión.
Al regreso fui a recoger mi tarjeta del banco perdida, que por supuesto todavía no tuvieron, y acompañé a mi amigo a hacer algunas diligencias. Al terminar me dijo que diéramos vueltas cerca de mi casa para localizar a Otro Técnico en lavadoras. Se bajó en una cuadra para preguntar y pedir señas, con tan buena suerte que le dijeron a dónde dirigirnos.
El encargado pidió los mismos datos que todos y por la tarde, cuando ya daba yo por perdido al Tercer Técnico, ¡apareció!. El dictamen fue grave pero no es mortal, y espero que mañana la mudez del aparato se convierta en el viejo chaca chaca de siempre.
En tanto, en lo que conseguí ir a lavar mi ropa a casa de Alejandro, he perdido -y espero que no irremediablemente- mis anteojos.
En el inter hicimos pollo a las ciruelas, comimos, enseñé a Iris a jugar backgammon, avancé con Yadi en el embellecimiento de su libro y conversé largamente con Marina, mi amiga surtidora de productos Avón... cuyo esposo quizá me de trabajo.
¿No es hermosa la vida?

martes, 22 de septiembre de 2009

Vuelo nocturno


Primero pensé que los ruidos que escuchaba eran producidos por una aspiradora en la casa vecina, o algún tipo de máquina. Continué con la grata conversación y la deliciosa copa de vino, sin que amainaran los ruidos.
"Es una lechuza blanca", dijo mi amigo al descubrir mi curiosidad. ¿En una ciudad? -pensé-.
"Vamos a ver el nido", dijo, y nos encaminamos a unos veinte metros, en donde está un altísimo poste que sostiene un anuncio luminoso. Ahí, en un hueco, estaban tres polluelos paraditos.
De pronto luces fugaces como rayos me hicieron mirar a la parte superior del anuncio. Estaba ahí magnífica, un ave adulta batiendo sus alas sin volar. Los focos iluminaban de abajo hacia arriba sus alas, que parecían filos de plata en arabesco. Pensé si sería el vino lo que me provocaba esa sensación de maravilla y alucinación...
Casi en seguida emprendió un vuelo lento y adornado, antes de enfilarse hacia la altura de una palmera en el sentido contrario al del anuncio. Desde ahí seguía haciendo los ruidos semejantes a jadeos que yo había estado escuchando.
"Es para animar a los polluelos a que vuelen, así llevan unos días". ¡Y súbitamente la maravilla! el primer polluelo voló hacia una palmera más cercana, en vuelo corto y torpe, para regresar de inmediato a la seguridad del nido.
El segundo polluelo no tardó en seguirlo pero su vuelo fue más largo, menos inseguro, adornado con una media vuelta antes del rergeso al nido.
La uña amarilla de la luna estaba al fondo, y los miles de luceros impávidos ante la maravilla que me causaba un nudo en la garganta. Lechuzas blancas a la entrada de la ciudad, viviendo en un anuncio luminoso, mostrándonos la majestuosidad de su belleza y su vuelo...
¿Cuándo hubiera imaginado presenciar algo así?

lunes, 21 de septiembre de 2009

Home, sweet home...

Nunca deja de sorprenderme la maravilla de los viajes. Dormí en la ciudad de México y por la noche ya estaba en Ensenada, en mi cama, en mi hogar, respirando otros aires...
Llegué más que cansada y en media hora me quedé dormida. Desperté un poquitín tarde -para mis estándares- y con mucha pereza comencé a desempacar.
Iris fue la primera en llamar, y también Yadi, para darme la bienvenida. ¡Ay amigas, amigas, mis tesoros donde quiera!
A la hora de comer, al jardín de la oficina de Piere para la carne asada por el cumple de Paola. Comí cual bestia y todavía tengo dolor de tripa.
Ahora, a retomar mi rumbo -que a veces tengo perdido- y mi rutina.
Por cierto, aquí siento un calorón, comparado con el clima de México...

Ah, y ayer la visita de las hormigas en mi casa fue más que impresionante...

viernes, 18 de septiembre de 2009

Última entrevista



Mi amiga Marielena Cerecero y yo tenemos una amistad más que especial, que no puede ser descrita ni clasificada pero es muy clara.
Nos vimos al principio de mi llegada a esta ciudad, todas norteadas porque aparecimos cada una en diferente lugar esperando a la otra, pero al fin nos encontramos.
Pasó el tiempo que he estado aquí y ayer nos entró a las dos la ansiedad por vernos de nuevo para despedirnos. Así que nos pusimos de acuerdo para vernos después de que intentara yo hacer un pago, y hoy por la mañana, luego de dos intentos previos de liquidar el recibo del agua, me lancé por tercera vez en busca de la oficina donde cobran.
Finalmente, fue en la Glorieta de Camarones. La fila me impresionó porque ni en las pesadillas hay esa cantidad de gente en Ensenada cuando voy a pagar el agua, pero por fortuna me tomó veinte minutos hacer la fila y pagar.
A la salida había micros y escuché a una chica decir los nombres de las calles por las que pasan, y me subí en uno sin pensarlo...mal hecho, porque resultó que iba para no-sé-dónde y como yo estaba pensando en la inmortalidad del cangrejo, cuando me di cuenta no sabía dónde estaba.
Pregunté al chofer si iba para Azcapo y dijo que no pero me bajó en un lugar con las indicaciones para tomar el micro que me llevaría. Me dejó lejos del lugar en donde había quedado de ver a Marielena, caminé el tramo rápidamente pero me tomó veinte minutos. Lo bueno que quedamos como siempre: "La que llegue primero, espera a su compañera".
Platicamos de los hijos, de la casa, los encuentros, nuestro trabajo de escritoras, los viajes y en fin, de todo un poquito. Me dejó en la esquina de la casa. Nos gusta despedirnos como si nos fuéramos a ver al día siguiente aunque a veces han pasado años...
Pero antes de irme, tengo que ver que arreglen en la azotea un desagüe porque tenemos filtración. Vaya modos de conectarla a una con la realidad.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Enfriando los motores

Bueno, comienza a reclamar el cuerpo por todas esas humedades de las tardes con lluvia o aguaceros. Los huesos se resienten un poco con la caminadera y la nariz y los ojos irritados por la sequedad también reclaman su descanso...
Así que allá voy, de regreso a ese puerto al que no termino de apropiarme pero donde sé que tengo casa y querencias.
Dejaré esta ciudad -que esta vez no ostenta jacarandas- con sus grandes, viejos o nuevos edificios, y sus enormes diferencias.
Lo digo porque Gaby mi prima me contó que una amiga suya padeció la inundación de Valle Dorado. Es una zona "nice" en donde rápidamente pusieron policías a vigilar las pertenencias de los dueños afectados, algunos de los cuales de inmediato contrataron empresas profesionales de limpieza para volver a ordenar sus casas. El gobierno otorgó quince mil pesos por casa para compra de electrodomésticos, y una señora comentó que eso no alcanzaba ni para pagar la puerta de su casa...
Los muebles y aparatos "inservibles" porque fueron afectados por el lodo o aguas negras, se han recogido en camionetas por personas que irán a revenderlas a las colonias en las que, habiendo perdido sus techos de cartón, no tendrán inconveniente en comprar cosas sucias o usadas, porque saben que cuando uno sabe lavar, puede dejarlas otra vez como nuevas...
Vivimos en este país, en este mundo de diferencias abismales. Lamento mucho lo ocurrido en Valle Dorado pero siento que fueron atendidos con más cuidado y prontitud que si hubieran sido gente habitando casas de interés social.

Una de ésas, por cierto, pero en Ensenada, le está siendo adjudicada en estos momentos mediante la firma de escrituras en la notaría a Paola, que ha logrado con su esfuerzo contraer el compromiso de pagarla. En 1998 escribí en mi diario que Paola se iba de ésta, su casa en el DF, a su nueva vida. Y hoy escribo que no tarda en salir hacia su nueva, quizá definitiva casa por un tiempo...

Y mientras tanto la lluvia.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Encuentros

Después de la cena con el exquisito pozole que hizo mi hermana Sandra en su casa, y luego de un rápido regreso a casa dado que el tránsito había disminuido, dormí lo que pude tomando en cuenta que Pablita salió tempranísimo al aeropuerto...
A las diez y media, café con las chintololas, como casi cada que vengo. Las desiertas calles de la mañana lucían extrañísimas en esta metrópoli, sin aglomeraciones ni vehículos saturando las vías.
Celebramos sin proponérnoslo, once años de ser poetas chintololas. Me alegra que sigamos por estos rumbos de la poesía pero sobre todo, de la amistad.

Por la tarde, comida con Gaby y Adriana, mis queridas y encantadoras primas, para volver a casa antes de que se nos cayera el cielo encima como todas estas tardes...

Pablita en Ensenada, rumiando su regreso, y yo próxima a marchar... ya siento la nostalgia.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Esta mañana Dr. Chipocles

Desde la cama me puse a ver noticias. Sé que no es -ni con mucho- la mejor manera para levantarse, pero lo hice sin pensar. Encontré que estaban dando un reportaje acerca de un médico en el Hospital de Pediatría de la ciudad de México, en donde todavía ando por suerte.
El doctor especializado en oncología ha sido bautizado por sus pequeños pacientes como "Dr. Chipocles", que es la manera que tenemos los mexicanos para denominar a alguien que es muy bueno en lo que hace, y lo que no sé es por qué se eligió el nombre de un chile -chipocle, chipotle- para eso.
El caso es que este médico inusitado es tan sensible que no solamente se disfraza de distintas cosas para ir a trabajar como el famoso Dr. Patch Adams, sino además, al ser entrevistado sobre su trabajo, termina diciendo, con la garganta cerrada y lágrimas en los ojos, que se considera un ser especial por poder hacer el trabajo que hace. Y lloró cuando mencionó a sus niños enfermos que ya no están con nosotros.
Tengo que admitir que jamás había visto a un médico bajarse del pedestal de su arrogancia para ponerse al nivel de un ser humano: su paciente.
Me impresionó fuertemente verlo con sus niños prematuramente calvos y sufridos dándoles ánimo, y observar la gratitud de los padres expresando que el médico es un verdadero héroe para cada niño. La madre de un pequeño fallecido dijo que cuando el médico abandone este mundo, todos sus niños lo estarán esperando para que los siga divirtiendo...
Luego supe que este asombroso personaje está siendo postulando para ser el héroe que busca una televisora o algo así... y me alegra que al menos por esta vez queden fuera los personajes huecos que tantas veces por medio de la televisión nos quieren hacer creer que valen la pena.
Sólo recuerdo el rostro y el apellido Juárez de este médico, pero ya me resulta inolvidable.
http://www.youtube.com/watch?v=9oBI2nHWryM&feature=related

sábado, 12 de septiembre de 2009

Nueva entrega de fotos











Estos últimos días...Puesto de frutas a la salida del metro, un jardín urbano con frutos de limón, Plaza Antares en Polanco, Teatro Helénico, el Barracuda con Mauricio y Paola, más chiles en nogada y Paola conduciendo en la capital... sin olvidar la visita a la Casa Azul de Frida Kahlo.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Las fotos










Varios aspectos de mi viaje: festejando los 79 de Héctor en la Casa Azul con Maritoña y mi ahijada Zuly con una comida improvisada, rescatando algunas cacerolas y vajilla empolvadas en casa de Mauricio; con Paola y Nube en el microbús, con mis sobrinos asando nopales, con mis hermanas y hermano en la comida del domingo, con mi amiga Marielena en el café y con Yadi en los chiles en nogada.

Caminata en el DF

Lo primero: Los estudios de esta semana que se practicaron a Paola en el Instituto de Neurología indican que todo marcha bien, según las palabras de la doctura Cárdenas. Cuando vimos las imágenes de la resonancia nos quedamos pasmadas, pues como en marzo estaban casi igual que las de noviembre, no esperàbamos gran cambio, pero calculo que los bichos han desaparecido en un noventa por ciento, así que estamos verdaderamente de plácemes y agradecidas con Dios y con todas y todos los que nos han acompañado en este viacrucis que parece que va teniendo un final feliz.

A la salida del hospital, como tardamos mucho en conseguir la ficha para el mes de febrero, que viene a consulta, comimos ahí en la cafetería -mientras nos enterábamos del secuestro de un avión de Aeroméxico en el aeropuerto de esta ciudad- y no pudimos llegar a comer a casa de Coquito, que nos esperaba.
En cambio caminamos de la parada Altavista del metrobús al teatro Helénico en Revolución, a comprar boletos para el viernes, y Paola hizo el descubrimiento de una capilla gótica, mero en ese lugar. No tenía yo idea de que tal estilo estuviera representado en esta ciudad; estaban montando una exposición pero amablemente nos permitieron conocer el interior cuando dijimos que no somos de aquí. Siempre la calidez y cordialidad de los capitalinos me conmueve, no me canso de decirlo.
Claro que me quedé con la boca abierta al ver el espacio con sus arcos característicos y más cuando observé que había un cuadro de Murillo, nada menos que el que denominamos Virgen de la Luna, que siempre compro en postales para regalar porque es hermoso, y jamás tuve la más remota idea de que tal obra se encuentra en la capital de mi país, bastante escondida por cierto.
No permiten tomar fotos, de modo que tendrán que imaginar esa belleza. Nos contaron que la capilla fue traída de Europa por un señor Jáuregui y que en tiempos de López Portillo, le fue confiscada porque debía mucho predial. Carmen Romano y Margarita López Portillo hicieron que tal propiedad quedara en manos de un obispo, y cuando murió, la propiedad pasó a manos de un consejo integrado por varias personas.
Actualmente ahí se dan conciertos de música de cámara y se hacen exposiciones privadas.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Nota gráfica









El corazón de la capital del país es toda una experiencia. Camino por sus calles percibiendo la energía de los siglos y de la calidez de su gente. Hoy me invitó a comer mi amiga Yadira los muy famosos chiles en nogada de la Fonda de Santo Domingo y aproveché para tomar algunas fotos que comparto...

miércoles, 2 de septiembre de 2009

LLuvia

Aquí en el DF la lluvia cae suavemente sobre el pavimento, haciendo un sonido aterciopelado. Claro, no hablamos de aguaceros. La temperatura ha ido de 16 a 24 grados y para mí es un descanso del calorón que tuvimos en Ensenada la última semana.
El lunes me fui a San Juan Teotihuacan, a ver a mi legendaria amiga Maritoña, que desde hace casi treinta años ha sido una extraña mezcla de amiga íntima y madre. Nos sentimos como cuando trabajábamos juntas, recordamos nuestras cenas, reuniones, andanzas. A Héctor, al Arqui Cháirez, a las compañeras del trabajo.
Chelis, una de sus hijas, se lanzó desde Cuernavaca de madrugada para pasar el tiempo con nosotras, porque hacía añales que no nos veíamos. Por supuesto, todas estamos igualitas, sólo los niños están irreconocibles.
Mi ahijada Zuly hermosa y cariñosa,sorprendente con su corta edad y su cúmulo de experiencia y madurez. Vero, otra de mis hermanas, sigue triunfando sobre la silla de ruedas, que no ha vuelto a usar desde que su voluntad por caminar la doblegó. Justamente fui a su casa, cercana a la de Maritoña, fiel reflejo de su personalidad coqueta, brillante y cariñosa, y me enteré de que estaba por salir hacia el Df y creo que a Puebla. No puedo olvidar que cuando la conocía era una jovencita en silla de ruedas que, cuando me sacaba a bailar en las fiestas, me decía: "espérame, voy a dar una vueltecita", y lo hacía en su silla mientras yo, atontada y sorprendida, esperaba que retomara mis manos y me pusiera a bailar.
¡Qué tiempos ésos y éstos, qué gratificante una amistad que desembocó en esta fraternidad que nos permite hablar con cariño, sin tapujos, decirnos cualquier cosa con franqueza, sabernos queridas, cobijadas, respetadas, admiradas!
No me canso de agradecer por todo eso, ni de valorarlo y menos aún de disfrutarlo. Me alegra haber podido estar con ellas, mujeres valerosas que se fajan para salir adelante en esta vida que a veces parece tan empeñada en meternos zancadillas...
Próximamente, fotos...