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Recuento de un día domingo

Pues de todo como en botica: toda la mañana estuve atendiendo a una videoconferencia para escribir el ensayo que había que entregar hoy en la escuela, así que me perdí la invitación a un desayuno. Terminé a la una y Bambi no estaba dispuesta a perdonar su paseo, de modo que salimos como siempre a la Alameda donde  paseamos de lo lindo. Pero como me dio hambre, comencé a buscar dónde comer, cosa que al final fue frustrante porque sencillamente en ninguna parte me dejaban entrar con la nenita. "Es que hay comensales", me decían. O sea... Fui a dejar a Bambi para poder comprar mi comida y comí en casa porque se está más a gusto si se come sola. Seguí haciendo los trámites necesarios para los pendientes de mañana y cuando vi ya era hora de salir corriendo al teatro a la segunda función del programa del Festival Cervantino. No llegué cuando empezó pero dejaron que entrara. Era el concierto de un coro orquestal del que no sabía yo nada pero ahí nos informó el director que se tra...

También una se llueve

Días así, extraños, con emociones intensas por cualquier cosa, el llanto presto por si vuela la mosca, la sensación de soledad, de incertidumbre en un momento y al siguiente la gratitud por delante, ancha y cálida, genuina. Trastornos de la edad, del género, del cuerpo, del alma, del espíritu, de todo un poco pero el caso es que se llueve una, se empañan las ventanas de los ojos, se nublan el presente y el futuro -que de por sí se ve poco- se encogen los huesos y se estiran los tiempos, se tiene pereza por las cosas prácticas, cae el sueño que es más un sopor sobre los párpados, se sobresalta el cuerpo con los ruidos, se aprovecha la lluvia de afuera para lloverse adentro, se abraza una a lo que sea, se adhiere a los recuerdos, se busca alguna mano, una palabra, una caja de fotografías, un aroma, un tono de voz, un platillo favorito, cualquier cosa que ancle y deshaga el hechizo, cualquier cosa que pueda retirar a una de ese espacio denso y la coloque sentada a la mesa departiendo, co...

Tlaxcala

Siempre he sido bendecida y me alegro de poder darme cuenta. Todo eso que creen mis amigas que es mérito propio no es más que lo que he recibido y comparto. Esta vez mi amiga poeta Isolda Dosamantes me invitó a exponer en la Galería Casa de la Nube que dirige en Tlaxcala desde el año pasado y por fin llegó la hora. Parte de la obra la comencé en Ensenada pues decidí preparar veinte piezas para la exposición. Como a mitad del camino me agarró la movedera de la mudanza, no alcancé a terminarla y debí concluirla en Orizaba. Como quise exponer mi mezcla de técnicas para insertar el bordado, que es algo tan cercano e íntimo para mí, sentí que en cada papel o retazo estaba quedando el tumulto de emociones que me embargaron al dejar una vida en un lugar para llegar a recomenzarla en otro. Quizá eso fue lo que la gente percibió cuando la vio, porque el recibimiento fue espléndido y vendí varias obras. Los comentarios fueron generosos y cálidos, me hicieron sentir que efectivamente, habían e...

Los días sorprendentes

De repente pasa así, llega un día en que las cosas cambian y las rutinas se convierten en algo ajeno para dar paso a las sorpresas gratas y a días más felices. Su presencia trajo ese aroma conocido: el cariño de siempre, la alegría constante. Unas cuantas horas de espera en Puebla y al siguiente momento ¡ahí está ella! radiante y hermosa como siempre, ¿más amiga que nunca o tan amiga como siempre? Ambas cosas, supongo: la amistad es así. Hora tras hora en estos días, hemos compartido sorpresas, lugares, cosas y sabores experimentando intensamente cada una con la inmensa dicha de compartir. Porque recién escuché o vi por ahí que lo que uno da es la única cosa que crece al compartirse. Trajo además hermosos anturios a la casa, ella que tanto sabe de flores y de plantas, mi maestra cada que descubre flores que aquí brillan tanto como las de su niñez y me indica sus nombres, cómo es que crecen, cuánto le gustan... A cada paso va encontrando retazos de su infancia ¡qué increíble! la ave...

Balanceo

Una semana difícil, cansada, adolorida, solitaria. Pero no absolutamente. Me rescatan las sonrisas dispensadas, la cantarina voz de una muchacha, la silueta de Bambi recortada contra la ventana observando atenta el vecindario, el mundo. Me rescata mirar estas nubes diferentes, asombrosas, haciéndole su chal a mi volcán, los rehiletes desatados en el balcón cual flores enloquecidas por el sol. Sí, la soledad me muerde a veces, me enferma o me desgasta, no lo niego. Pero adentro, mi corazón me dice siempre "sigue, sigue"...

De las sorpresas

A veces me tropiezo. Hoy fue así: al levantarme tenía dolor como de huesos, como de panza, como de no sé qué. Decidí no levantarme porque no tuve de dónde sacar el ánimo. Dormí a pesar de la luz y a media mañana desperté con dolor. Nada, ningún asomo de energía venía a mi encuentro y los pensamientos me aturdieron con su ausencia. Dolor como de estómago: un té de manzanilla, el té que menos quiero pero veamos si consintiendo a esa parte de mi cuerpo lo recupero un poco. Intenté con desgano ocuparme de alguna cosa, ya el fracaso al intentar leer los textos para la tarea me indicaba que por ahí no estaba el camino así que me puse a tratar de seguir acomodando la cocina, este espacio desconocido que sigo sin comprender, sin encontrarme en él... Lentísimas iban escurriendo las horas por la rendija del día lleno de sol a pesar de mis escalofríos y llegó la hora de preparar una comida, algo. Caldo de verduras, será, para que no caiga pesado. Entonces, al buscar el frasco que guarda los di...

Lo mismo pero diferente

A las cinco de la mañana comencé a estudiar en mi cama, como ha sido mi costumbre durante estos años de estudiar la carrera. Ahora mismo interrumpo mi lectura al darme cuenta del hecho de estar en esta misma cama, también al pie de la ventana y escuchando cantar a los gallos como si no estuviera a más de tres mil kilómetros de distancia. Una especie de extrañamiento me invade, me pregunto cómo puede ser tan igual pero a la vez distinto, y reflexiono acerca de lo que soy -de lo que somos- a lo largo de la vida, siempre los mismos pero diferentes. La luz del día viene irrumpiendo discretamente sobre la mañana, ya comienzan a escucharse los ruidos que ahora son novedosos, el llanto del que reza a gritos desde que amanece, el sonido del tren a lo lejos, la campana de una iglesia y en un rato más, el desfile de vida cuando pasen los vendedores ofreciendo sus mercancías. Aquí sigo yo, en mi cama, estrenando mis 64 años lejos de lo que tenía, de lo que tuve por casi tres lustros, sola per...