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Decir inesperadamente adiós

Llegué a la tiendita de la vuelta para aplicar las inyecciones al matrimonio de personas mayores que me ha pedido esa ayuda. Saludamos y comenzamos a conversar cuando por alguna razón les mencioné que recordaran que ya me voy, que voy a estar aquí hasta mayo. Sus reacciones me hicieron ver que ellos no tenían conocimiento de mi partida: suspendieron de inmediato lo que estaban haciendo, la señora me gritó que si me mando sola, la hija puso los ojos tristes y el señor guardó silencio.
De ahí en adelante y por más de una hora intentaron convencerme: de que ellos me adoptan como familia, de que me aprecian mucho, de que vale la pena quedarme, y así miles de razones que a veces se volvían regaños "por ingrata", porque "soy su única amiga" porque ahora quién los va a inyectar...

También a mí me tomó por sorpresa ver sus lágrimas y caras largas, sus abrazos que saben a despedida y me dejan ver lo que me espera al marchar.

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Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía