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Carretera

Un camino diferente, un nuevo lugar. ¡Qué excitante! Subir al auto con la idea de viajar por carretera unas seis o siete horas prometía. Mi amiga y yo estábamos muy emocionadas por el viaje.
La parte del camino conocido fue hasta llegar al libramiento de Mexicali. De ahí en adelante,
fue maravilloso poder ir viendo todo con los ojos niños, los que ven cosas por primera vez. La belleza, la luz, la inmensidad del desierto, algo que no me había tocado vivir y llegó de manera inesperada. Justo en la mejor parte del camino, en el Golfo de Santa Clara, nos encontró la puesta de sol.

Cuando cayó la noche, todo se volvió estrellas y después, el golpe de humedad que te echa a andar la sangre, el olor de la sal, la textura de la arena, el calor...¡y el mar! Pero ese otro, el de distintos tonos, diferente del de aquí, con sus  caricias de agua tibia. Difícil adaptarse velozmente al cambio, las impresiones en la carretera fueron profundas, intensas, de esas que te hacen preguntarte si en verdad hay caminos diferentes o si es sólo el de la vida, uno mismo, el que se multiplica y es siempre uno, como el mar que es el mismo aquí y allá pero en todas partes diferente.

Y al mismo tiempo el estupor que causa la belleza, la manera de la luz, la densidad del aire y los colores. Correr, correr veloces sintiendo un aire delicioso y disfrutando de mi increíble pequeñez.

Y la otra parte del viaje, otro camino: el de aprender a conocer una parte más de la amiga, vivir de primera mano otro poco más de su manera de ser, de viajar, de sentir.

Como siempre, doy gracias a la vida, y a la generosidad de mi amiga.

Comentarios

Alex Escalante ha dicho que…
Qué padre que hayas disfrutado de ese viaje!

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Poema para los niños migrantes

Para los niños migrantes


Temprano te salieron alas y esparces la ceniza de un vuelo inesperado. Vuelas hacia una tierra prometida que no existe , donde leche ni miel encontrarás.
Encerrarán tu vuelo en jaulas y el miedo que aprendiste a dejar lejos regresará a morderte por las noches. Ningún río te besará con agua fresca, ninguna señal de la cruz sobre tu frente te va a guardar de la amargura.
Somos testigos de la decapitación de tu infancia, de tu niñez hoy preñada de dolor, de pies cansados y ojos secos.
Que la vergüenza nos cubra cada que te preguntes o que pidas, que el corazón nos duela hasta que tengas alas con vuelo renacido.

Sí, un domingo más

Desde antier por la noche Mauricio y yo andamos un poco desconchinflados: a él le vinieron escalofríos y dolor de estómago junto con el de los músculos de los hombros. Le dí te y masage y pareció sentirse mejor.
Pero ayer amaneció igual, con náusea e incipiente dolor de cabeza. A mí me comenzó un dolor igual en cuanto terminamos de comer en casa de Coquito, con Alfonso que ya había llegado. Antes de salir hacia el hospital me tomé una pastilla que no funcionó y cuando llegamos tomé otra que tampoco hizo efecto. Cuando bajé del piso para que Mauricio pudiera subir, una señora me regaló otra pastilla porque me vio agarrándome la cabeza con las manos...pero tampoco sirvió.
Pablita estuvo contenta con la visita de Alfonso, ya se sabe que él es siempre tan ocurrente que resulta cómico y se pasan ratos muy gratos en su compañía.
De regreso en el metrobús nos dirigimos a una farmacia para comprarme una inyección porque ya era migraña mi dolencia.
La caminadera por el cierre de estación fue más a…

Ensenada: estación de partida

Y en el instante en que suena la sirena me salta el corazón: avisa que es una despedida, que los lobos marinos se quedan atrás con la brisa y los buques, con las olas que me habrán de encontrar en otro punto del mar. Ahora el cielo tímido, desdibujado, me saluda, sabe que uno nunca se despide de él. Estoy en una casa de muñecas que me aloja por un rato, algún día voy a poder ser así de pequeña, sencilla como una hoja de papel en donde todo se dibuja o se borra o se transforma. Porque si mi naturaleza de palabras debe tener un lecho sería de papel, uno que no fuera demasiado absorbente porque se chupa la tinta y la hace mancha, ni demasiado liso que no admita el grafito, ese suave y lustroso material con el que a veces intento mi retrato. Regreso, estoy aún en Ensenada por unas horas más después de muchos años, bebo esta brisa con el cuerpo, me asomo a este jardín desconocido por la ventana que da a un cerro lleno deviviendas coloridas pero cenicientas, como corresponde a este lugar. Mucha…