Después de los avatares en el DF y el tremendo cansancio que me dejó la ciudad, este remanso de Ensenada es una maravilla.
Visita de los amigos, vino, una película de la muestra de cine francés, una comida con mis amigas, una gripa, dos gripas: la de Iris y la mía, el cumpleaños de Alonso su hijo, los traídos y llevados tamales de Merino, aire frío, la Nube aterida en su canasto, y sobre todo: ¡hogar, dulce hogar!
Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados. Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para evitar contagi...

Comentarios