Ir al contenido principal

Tutti frutti




Aquí siguen helados los vientos, se vive un eterno febrero y no terminamos de acostumbrarnos todavía a la falta de calor, aunque tampoco lo deseamos.
Mi dolencia por fortuna aminora y me permite más movilidad y menos queja.
Pabla me trajo ayer otro nieto peludo: un Yorki de cuatro meses que nos puso a babear alelados y envidiosos, y puso a mis perros un poquitín celosos. Comprobado: La Nube no tiene instintos maternales ni cosa que se le parezca. Estuardo, por su parte, se limitó a no prestar su juguete.

Trabajo más en la pintura, he comenzado un ciclo de autorretrato que me cuesta muchísimo porque al parecer me veo como nadie más me ve... no sé si es el ojo demasiado crítico o el cariño de mis semejantes lo que hace que no coincidamos en el parecido.

Preparo el curso de verano para el caso de que pudiera yo armarlo aquí en casa. Extraño a los niños, luego de trabajar cada día de la semana en la escuela de Monterrey, empiezo a sentir ansiedad por no tenerlos cerca.

Sembré lo que en Veracruz conocemos como tulipán y ya está dando flores. La plantita de chile al parecer se resintió por el frío y no sé si se recupere. Pero este fin de semana trajimos una hortencia que no tardo en sembrar.

Ayer me levanté tarde y abrí la cortina de la ventana para ver la calle. Es algo muy especial para mí estar en mi cama viendo pasar autos y gente, me hace sentir verdaderamente privilegiada por no tener que salir a una hora temprana y correr hacia el trabajo. Me hace sentir que veo pasar la vida, por eso sólo de vez en cuando lo hago...

Comentarios

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía