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Entradas

Después de la cena...

De repente una se olvida de la capacidad que puede desarrollar para comer, y creo que en estos días muchos de nosotros nos volvemos conscientes de eso. No hay manera de evadir las galletas que se hacen sólo cada año, el pavo, los romeritos, el bacalao que me convida la vecina, los buñuelos y pasteles, el ponche de frutas o de vino, los tamales, en fin, las delicias de temporada. Aunque difícil, seguiremos disfrutando y comiendo en estos días. Con todo y los cargos de conciencia, ni modo. Pensar que es sólo una vez al año ayuda...

Dificultad...

Tengo difícil el día cuando amanezco con problemas para entender al mundo y a mis semejantes, aún los más próximos. Tengo dificultad para saber por qué me siento así, de malas, frustrada, deprimida, triste, con los ojos hechos agua y la garganta de nudo. Tengo dificultad para lavarme el coco diciéndome que son hormonas, que es el cambio, que llegó la feliz etapa de la menopausia, que son normales mis dolores de huesos, que así punzan las articulaciones a todas las mujeres aunque las veamos sonrientes y luciendo espléndidos maquillajes y sonrisas... Me cuesta trabajo tener calma cuando las cosas son distintas de como las pienso o simplemente son, aunque no sean diferentes, es arduo y trabajoso encontrar un sitio en el mundo cuando está una cargando un saco de huesos un tanto roídos, un equipaje de dolores y penurias y por más que rasca una el monedero no encuentra esas monedas en las que se grabaron la sonrisas, las frases ahora ausentes de "soy la más feliz", los momentos...

A diez años de Acteal, va de nuevo mi carta...

Carta que llegó a destiempo. Me dueles. Me duelo. Me avergüenzo de ver tus manos yertas, tu mirada ciega en un horizonte que quizás desde siempre no fue tuyo. Me dueles porque la vida no te dio ni una respuesta y porque a tus preguntas contestó el silencio de la muerte. Me duele tu sangre regándonos la tierra, tu cuerpo ancestral herido, abierto como un cristo que no puede redimirnos. Me duele que tu voz no se escuchara cuando eras dueño de tu tiempo y tu semilla, cuando cantabas en una dulce lengua y respirabas olores de hierba y leña. Me duelo porque tengo atorado en la garganta un nudo ciego que la vergüenza no me deja desatar. Me duelo y sin embargo ¿qué derecho he ganado para dolerme de tí porque te han asesinado? Inútiles resultan indignación o pena cuando tu luz ha sido cercenada sin que pudiera verla porque nunca estuve, ni te hablé, ni te toqué los callos de las manos... Me duele no haber sido simple o fuerte o sabia o inocente como tú. Me duele ver que estoy tan lejos, que la...

Documental de Mandoki

Fuimos Alex, Paola, Francisco y yo a ver el documental. Claro que sabíamos ya muchas cosas. Lo que nos hizo el documento fue enfrentarnos a una realidad que creímos haber vivido pero no fue en carne propia. Vibramos con toda esa gente en el zócalo gritando "fraude, fraude", entendimos por qué nos aferramos a los sueños, vimos que somos muchos pero no todos quienes hacemos algo más que sólo desear un cambio. Entendimos que no se puede reclamar y quejarse mientras nuestras acciones sean sólo esas. Tenemos que buscar la manera de participar, hacer acciones ciudadanas, ayudar a los demás a encontrar su conciencia -já, qué pretenciosa-. Vimos con lágrimas el lloro de la gente, decepcionada otra vez, robada. Pero firme. Y sí, tenemos una larga historia de mediocridad, de conformismo, de derrota. Pero tenemos mucha gente que sigue con el puño en alto, que está por encima de mezquindades y oportunismos, que tiene el corazón claro como su conciencia y que a pesar de todo no pierde la ...

Crisis migrañosa

Entre sus fauces mi cabeza martillada. Aquí está el monstruo, nada lo detuvo. El retumbo, el retumbo… el ruido que decapita y la luz que apuñala.

Resabios de la mixteca

Tejedores de estrellas Olor de chocolate con almendras, recién cortadas ramas en el fuego para envolver en lenguas de oro la palidez de las tortillas. Aroman la comida cotidiana la hoja santa, las hojas de aguacate; las bendice el mezcal con gusto suave calentando jugoso la garganta. En esa casa, prendedor del cerro, el humo de la leña santificalos techos, las paredes, los pies que la recorren. Los cantos de los gallos se suceden uando la madrugada desmadeja su melena temprana por la rueca. Los hilos que tejieron estrellas a la noche recorren los caminos ancestrales. Una mirada pervive en nuevas manos: el ovillo de lana se desata, desparrama color por el telar, se perfuma con hojas de naranjo. Silva el viento: su tacto poderoso me trae olor a tierra, me hace admirar las telarañas y las frutas que penden de las ramas. La noche sube, crecen las estrellas. La luna está en las uñas de mis dedos y el pueblo es un lucero que titila en el telar del cielo. Bueno, algunas de mis compañeras poet...

Mientras suena la música

Mientras suenan los acordes, mientras la música se enreda en mis cabellos alrededor de mis oídos, claramente percibo cómo el tiempo se regresa, tengo brillantes los ojos, el corazón muy tierno, alborozado, y mi piel tiene el aroma dulce de la juventud. Suenan las melodías y regresan los días al calendario, recuerdo con precisión de quién estaba enamorada cuando sonaba esa canción en la radio, cómo era el sol al entrar por mi ventana, de qué color eran las nubes. Otra canción y ahora es un desgarre, un dolor, una punzada. Mi primera desilusión, la soledad más grande, las lágrimas, insomnios, malpasadas.. La música siempre me trastoca. A veces vuelvo a tener quince años, me convenzo de que estoy enamorada hasta el tuétano, y otras en cambio estoy segura de que jamás permitiré al amor que toque de nuevo a mis puertas, que mi amargura va a volver oscuro el universo, que mi dolor va a empantanar al mundo y que no hay posibilidades de ver la luz de nuevo. Anoche yo leía y de fondo puse un di...