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Migrantes que duelen

Imaginen la foto donde una precaria balsa llega a la isla de Lesbos con refugiados. Imaginen las caras de las madres, el cansancio, el miedo. Imaginen que hay buenas personas esperando en la orilla y los reciben con paños secos y alimentos calientes.   Pueden imaginar también que una persona que se acerca a la barca recoge a una niña pequeña y llorosa y al abrazarla, siente una enorme responsabilidad.
Eso es lo que vi en un video que no encuentro manera de compartir, y que me hizo escribir lo siguiente:

Abrázala, dale calor,
 seca esa húmeda sal 
que le ha dejado el mar 
después de su jornada.

Cuídala. 
no lastimes su preciado corazón, 
no laceres su espíritu con indiferencia 
ni provoques su llanto con desprecio.
Es la semilla de nuestra humanidad. 
Es el futuro que volvimos incierto, 
dejando atrás los días al sol, 
a las mañanas, a los trinos.
Sopla un diente de león 
para que sepas cómo es frágil y hermoso 
y veas también cómo es semilla 
que se esparce lejos, 
donde todos, 
para todos.

Abrázala, dale calor, 
abre tus brazos, empuja tu corazón
hasta que sienta cuánta fuerza tiene 
ese pequeño ser que tiembla y llora, 
empozado en el miedo y el dolor. 
Dale el aliento que requiere 
para ser diente león, 
para crecer y esparcir 
semilla de humanidad, 
de gratitud y amor.


Quizá sea la manera 
de regresar los días de sol, 
los trinos, las mañanas. 
Quizá haya otra manera 
de tener un hogar universal.

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