Ir al contenido principal

Esto de las emociones (o por qué somos tan raros)

A veces no me resulta comprensible. A veces -pocas, por dicha- siento que me dominan, y lo que me confunde es que de repente son contradictorias o sencillamente no las entiendo.
Me explico, o mejor dicho, trataré de explicarme: Desde hace unos días, con el cambio de luz, con el cambio de clima, he sentido una melancolía bastante dominante que por momentos amenaza con ser dolorosa. Y es lo que no entiendo, porque no hallo la razón. Más bien, los hechos que me rodean invitan justamente a lo contrario: planes que se cumplen, viaje en puerta, buenas compañías... ¿Entonces, a qué viene esta insidiosa punzada? ¿Qué me quiere decir?
A lo mejor lo de siempre: que somos muy complejos. Que tenemos recovecos. Que hay cosas que siempre se quedan...
Y así como mi amiga Rosario Laverde piensa que dejé mi memoria en cualquier parte, como siempre, y que el único lugar en donde podría encontrarla es una farmacia -ella, que me conoce- así quisiera también encontrar en ese tipo de farmacia el bálsamo no sé si del olvido o simplemente de la cura para esta melancolía atravesada, convertida en el objeto no volador no identificado que me tiene en jaque en estos días.

Viejo collage de mi autoriía


Comentarios

Lo que más te gustó

Poema para los niños migrantes

Para los niños migrantes


Temprano te salieron alas y esparces la ceniza de un vuelo inesperado. Vuelas hacia una tierra prometida que no existe , donde leche ni miel encontrarás.
Encerrarán tu vuelo en jaulas y el miedo que aprendiste a dejar lejos regresará a morderte por las noches. Ningún río te besará con agua fresca, ninguna señal de la cruz sobre tu frente te va a guardar de la amargura.
Somos testigos de la decapitación de tu infancia, de tu niñez hoy preñada de dolor, de pies cansados y ojos secos.
Que la vergüenza nos cubra cada que te preguntes o que pidas, que el corazón nos duela hasta que tengas alas con vuelo renacido.

Sí, un domingo más

Desde antier por la noche Mauricio y yo andamos un poco desconchinflados: a él le vinieron escalofríos y dolor de estómago junto con el de los músculos de los hombros. Le dí te y masage y pareció sentirse mejor.
Pero ayer amaneció igual, con náusea e incipiente dolor de cabeza. A mí me comenzó un dolor igual en cuanto terminamos de comer en casa de Coquito, con Alfonso que ya había llegado. Antes de salir hacia el hospital me tomé una pastilla que no funcionó y cuando llegamos tomé otra que tampoco hizo efecto. Cuando bajé del piso para que Mauricio pudiera subir, una señora me regaló otra pastilla porque me vio agarrándome la cabeza con las manos...pero tampoco sirvió.
Pablita estuvo contenta con la visita de Alfonso, ya se sabe que él es siempre tan ocurrente que resulta cómico y se pasan ratos muy gratos en su compañía.
De regreso en el metrobús nos dirigimos a una farmacia para comprarme una inyección porque ya era migraña mi dolencia.
La caminadera por el cierre de estación fue más a…

Ensenada: estación de partida

Y en el instante en que suena la sirena me salta el corazón: avisa que es una despedida, que los lobos marinos se quedan atrás con la brisa y los buques, con las olas que me habrán de encontrar en otro punto del mar. Ahora el cielo tímido, desdibujado, me saluda, sabe que uno nunca se despide de él. Estoy en una casa de muñecas que me aloja por un rato, algún día voy a poder ser así de pequeña, sencilla como una hoja de papel en donde todo se dibuja o se borra o se transforma. Porque si mi naturaleza de palabras debe tener un lecho sería de papel, uno que no fuera demasiado absorbente porque se chupa la tinta y la hace mancha, ni demasiado liso que no admita el grafito, ese suave y lustroso material con el que a veces intento mi retrato. Regreso, estoy aún en Ensenada por unas horas más después de muchos años, bebo esta brisa con el cuerpo, me asomo a este jardín desconocido por la ventana que da a un cerro lleno deviviendas coloridas pero cenicientas, como corresponde a este lugar. Mucha…