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Del café



Ya conocen mi gusto y mi delirio por el café: su aroma, su textura, su sabor, el momento en el que lo disfruto, la taza que lo acuna... Así que entenderán mi alegría en los días en que estuve en casa de Mauricio mi hijo, porque diariamente me ofrecía cafés etíopes, cafés fuertes, cafés exóticos, ristretos o expresps o expeso americano o latte... así, sin ningún glamour de mi parte, simplemente levantada de la cama, sin la cara lavada, con el resabio de los sueños aleteando alrededor de mi cabeza, tuve el grandísimo gusto de tomar mi primer café del día a lo grande, con Mauricio de barista y la vista del Distrito Federal desde el sexto piso de San Pedro de los Pinos...

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Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía