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Soledad de domingo

Escribo porque me siento triste y sola, con la ausencia de Paolita que me tiene para variar con un signo de interrogación en la cabeza y el corazón, por más que pienso que hizo bien en irse, la manera y la precipitación es lo que no me convence. Por dicha Mexicali no es tan lejos, pero siempre está distante.
La cuestión de estar ahora sí del todo sola me puede mucho, por dicha en la semana tengo trabajo pero los fines de semana son difíciles y largos. Esta mañana salí con Alex pero estaba malhumorado y así para qué imponer una compañía.
Podría ir a las segundas pero sola no me late tanto. Pienso en mi amiga CarmenAmato, en cómo se la pasa verdaderamente sola en otro país, en otro lado, lejos de su familia y sus amigos, y pienso como siempre cuánto y cuanto me falta por aprender con todo y lo que he vivido y aprendido...
En fin, escucho el radio, unos gritos de niños afuera, esporádicos pues el silencio es lo que prevalece, la calma chicha de este lugar que a veces tanto nos desespera y nos hace querer salir corriendo lejos... y escribo y lloro un poco después de haber hablado con Paola, no la sentí exactamente feliz como ayer dijo que se sentía, pero qué demonios, esa vida no es mía, tengo que dejarla ir y buscar lo que sea que encuentre por su cuenta y quedarme aquí, sentada ante la computadora, con el corazón encogido y extrañando los momentos alegres acompañada de mis amigas, mis amigos, mi familia, mi marido...
cómo es que se pierde de pronto tanta cosa, ni siquiera la tranquilidad de vivir en un pais en donde una pueda salir a la calle sin pendientes, tengo pesadillas provocadas por las noticias, sueño que ensenada se ha convertido en otra ciudad juárez pero no sale en las noticias, nadie lo publica pero todos lo saben. y encima mis trastornos hormonales, las extrañas e incómodas reacciones de los medicamentos que me han aplicado, mis dudas sobre si seguirlos tomando o suspenderlos.
mi certeza de que la edad va minando mi memoria y mi físico, mi renuencia a entender que hace mucho que ya no tengo treinta años...
Ahora creo que iré a tomar un vaso de agua que me ayuda a desatar este nudo en la garganta, voy a asomarme a ver el sol por la ventana, voy a seguir hablando sola vagando por mi casa, regar alguna planta, fingir una poca de demencia, y esperar a que el tiempo haga lo suyo para que yo me vaya acostumbrando a que me he quedado sola.

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